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jueves, 12 de mayo de 2016

El polvorín verde.


Ya hablé de los problemas de los colosos griegos hace un par de semanas, pero estos últimos días ha estallado el polvorín verde. Con el Panathinaikós me quedé corto.

Tras haber sido barrido por el Laboral Kutxa en los cruces de la Euroliga, los acontecimientos en la casa verde se precipitaron. La misma noche del tercer partido, Sasha Djordjevic fue cesado. La lamentable imagen que dio el equipo unido a la necesidad de encontrar un revulsivo, hicieron que Dimitris Gianakópoulos optase por el cambio de entrenador.

Llegó Argyris Pedoulakis, al que se le criticó en su anterior época por ser demasiado blando, que lo primero que hizo fue dar de baja a Kuzmic y Pavlovic, dos de los pretorianos de Djordjevic. Nikos Pappás, que había sido marginado por el serbio, volvió a las convocatorias, así como Charalampópoulos, que no había disfrutado de muchos minutos.

El PAO se mete en las semifinales de la liga sin hacer nada del otro mundo. En el primer partido de las mismas, derrota con apuros al Aris por 85-79. En el segundo, 74-60 y todo apunta a que la serie no regresará a Atenas.


Sin embargo, el Aris muestra su mejor cara en el tercer choque y se impone al PAO por 77-68. Los de Pedoulakis tendrán que mejorar mucho si quieren ganar el cuarto. Lo más grave del asunto es que el Aris gana con bajas muy sensibles. La plantilla está completamente coja. La gran diferencia entre unos y otros es que los locales son un grupo unido y los visitantes no.

La mañana del lunes estalla la bomba informativa. La página basketplus.gr cuelga fotos de tres jugadores del PAO saliendo de fiesta por Salónica. Haynes, Gist y Feldeine se fueron por ahí después de la derrota y fueron cazados. La misma página asegura que el sábado por la noche, la víspera del tercer partido, también fueron vistos en una fiesta de Dj’s, aunque no hay fotos. ¿Se hubieran atrevido con Djordjevic?

Tal como están las cosas en el PAO, saltarse las normas de orden interno de esa manera merece un castigo ejemplar. ¿O tal vez no?


Pedoulakis monta en cólera y deja a los tres “profesionales” fuera del entreno del martes. Calathes no jugó el tercer partido y es duda. ¿Se atreverá a no convocar a los noctámbulos y a dejar la plantilla completamente coja?

La decisión no es fácil. Argyris se debate entre imponer su autoridad y el riesgo a perder el cuarto partido.

El Aris gana el cuarto partido en el Alexandrio y fuerza el quinto, algo que no pasaba desde hacía 11 años. Los de Dimitris Priftis, muy fuertes en casa todo el año, ya habían roto la racha de 23 derrotas seguidas contra el PAO dos días antes. En un mal partido, los locales se imponen por un triste 56-50 al conjunto de Pedoulakis. En el tercer cuarto, el Aris da la vuelta a la contienda gracias a un parcial de 19-5. La valoración del PAO al terminar el partido es de 39 (Calathes suma 1/11 en el tiro). Los atenienses jugaron con 9. El Aris, que sigue sin Xanthopoulos ni Jaggins, iguala la eliminatoria gracias a White y Mcneil.

Pedoulakis ha demostrado firmeza en su decisión a costa de perder un partido que podría haber ganado. ¿Qué pasará si al Aris se le ocurre ganar en el OAKA?

No sé si el trío Gist-Feldeine-Haynes seguirá castigado, pero haría bien Argyris en dejarlos jugar. Con un partido y un multazo creo que es suficiente.

Dimitris Diamantidis no se merece este final. Si este año está siendo complicado para el PAO, no quiero pensar qué puede pasar el año que viene sin el capitán.



El Panathinaikós ganará el quinto partido por lo civil o por lo criminal, no me cabe duda. La cuestión es que si tal como está será capaz de plantar cara a un firme Olympiacós.    

miércoles, 30 de marzo de 2016

No son aficionados, son terroristas.


Para los que se pregunten por qué en Grecia no hay formato de final a cuatro o final a ocho en la Copa, que tomen nota.


Se lió parda el año pasado en la zona de aparcamiento de la final four de voleibol femenino, este año hubo problemas en la final a cuatro de la Copa de balonmano femenino, con interrupción incluida en medio de una semifinal, etcétera, etcétera. Si nos pusiéramos a hablar de fútbol, donde no hay final four, no acabaríamos. Sin ir más lejos, el partido de Copa PAOK-Olympiacós de hace un par de meses, no terminó por invasión de campo y lanzamiento de bengalas.


Lo que pasa en Tumba, barrio y nombre del estadio del PAOK, un día y otro también, es inadmisible. Cada vez que juega el Olympiacós se monta un pollo de narices. Se refuerza la seguridad, se amenaza y se multa, pero nada cambia.

Igualmente se montan quilombos en los campos del Panathinaikós, del AEK, del Aris, del Panionios y muchos otros, sin importar demasiado la categoría o los rivales que jueguen. No recomiendo ni recomendaré nunca ir al fútbol en Grecia. Además, te aburres como una ostra de lo mal que juegan. No me extraña que los estadios estén casi siempre vacíos y que el nivel de la Selección haya caído en picado.

Pero hablemos de baloncesto, que es lo que nos preocupa.

Ya hace bastantes años que la competición masculina de la Copa es una farsa, con eliminatorias a un partido y sorteos amañados. Sin embargo, a pesar de que el formato de final four fue desterrado para siempre, las peleas entre aficionados han seguido. Ni las autoridades ni los clubes han sido capaces de poner fin a la violencia.

En el campeonato liguero ha pasado lo mismo, llegándose a suspender la serie final del torneo por lanzamiento masivo de objetos.
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Hace poco más de una semana tuvo lugar en Leukada la final a cuatro de la Copa de Grecia de baloncesto femenino. A ella se clasificaron el Panathinaikós, el Olympiacós, el Athinaikós y el PAOK de Salónica. El 18 de marzo el Panathinaikós ganó por la mínima al Athinaikós (67-66) y el Olympiacós apalizó al PAOK (85-48). La final estaba servida. Me sorprendió ver que era la primera final de Copa entre los dos colosos. Lamentablemente, los imbéciles no iban a dejar escapar la oportunidad de liarla a pesar de las notables medidas de seguridad.

Que la final se disputase en Leukada, territorio neutral y alejado de Atenas, no impidió la pelea. Es más, parece que motivó más a los delincuentes. Ni siquiera el hecho de que para llegar a la isla haya que cruzar un puente móvil vigilado puso freno a la locura.

Al parecer, grupos organizados de ambos equipos quedaron vía redes sociales para pegarse. Tal cual.


Algunos de los seguidores del Olympiacós se hallaban hospedados en el hotel Ionion Star de Leukada, donde también había familias con niños y otros huéspedes que simplemente estaban allí de paso o para ver la final four.


Según cuentan algunos clientes del hotel, a las dos de la madrugada empezaron a oirse cantos de los hinchas del Olympiacós, que supuestamente estaban esperando a los rivales o tenían la intención de salir de fiesta. Sin embargo, como pasó la hora y nadie se presentó a la cita, se fueron todos a dormir.

¡Cuál sería su sopresa cuando a eso de las cuatro de la madrugada los hooligans del Panathinaikós empezaron a atacar el hotel! Unos 150 verdes, todos perfectamente organizados, viajaron desde Mesolongi con sus coches particulares, cruzaron el puente móvil y se presentaron en la esplanada que hay frente al hotel armados con piedras, palos y cócteles molotov. No se sabe muy bien si simplemente amenazaron al vigilante del puente o si directamente lo ataron, pero el caso es que los vándalos, una vez aparcados los coches, se pusieron manos a la obra.

La piedras rompieron los cristales de las habitaciones y de varios coches de gente inocente que estaban aparcados en la calle. A los aficionados del Olympiacós, que no pasaban de la cuarentena, les pillaron durmiendo.


No contentos con el lanzamiento de cócteles y piedras, los animales la tomaron con el hotel. Destrozaron la recepción casi por completo, se metieron dentro y fueron habitación por habitación en busca de pelea. Empezaron a golpear en las puertas como locos ante el acojone general de los radicales rojiblancos y de los huéspedes que nada tenían que ver con aquello. Vaciaron los extintores y los utilizaron para romper las puertas. Vistas las fotos, aquello debía ser parecido a una batalla, que se trasladó del hotel a la zona del parque de la playa, no muy lejos de allí.

En el Ionion Star también había hospedadas algunas jugadoras de otros equipos que habían viajado a Leukada para ver la Copa como simples aficionadas. Escuchar alguno de sus relatos pone los pelos de punta. Pasaron un miedo atroz.


La pelea acabó con siete heridos, que fueron trasladados al hospital. Se discutió si se debía disputar o no la final, aunque al final se decidió tirar adelante. El Olympiacós levantó su primera Copa tras imponerse por 63-60, pero la gente comentó más el suceso ocurrido en la madrugada que el partido.



Al cabo de unos días, la policía detuvo a seis o siete radicales de los más de 200 que estuvieron implicados en los altercados. Triste, penoso, vergonzoso, lamentable, terrible, tremendo, ridículo, infame. Que queréis que os diga: que se vayan todos a hacer puñetas.

jueves, 21 de enero de 2016

Surrealismo.


No se me ha ocurrido titular la entrada de otra manera. Quizás “esperpento” también le iría bien. Reconozco que me constó entender lo que había sucedido, porque es de lo más extraño que he visto nunca.

24 de octubre de 2015.

Situémonos en la tercera jornada del campeonato. En el barrio de Nea Kifisiá se enfrentan el equipo local, el Kifisiá, contra el Lavrio, equipo recién ascendido.

El partido transcurre con aparente normalidad hasta el último minuto. Vayamos punto por punto para que se entienda mejor.

Con 79-78 para los locales, el Kifisiá apura su ataque, mete el balón dentro a Mavroeidis, que anota. Sin embargo, los árbitros anulan la canasta por considerar que había terminado la posesión. Quedan 27 segundos y 5 décimas.

Jamal Nixon toma la responsabilidad y anota para los amarillos. El Lavrio se pone por delante 79-80 y acaricia el triunfo.

Nikos Gikas es ahora el que toma la responsabilidad por parte de los locales. El base ya había anotado el tiro decisivo la semana anterior en Salónica contra el PAOK. Sin embargo, esta vez yerra el tiro.

Nikos Barlos coge el rebote defensivo y el Kifisiá comete falta con el reloj a cero. El veterano pívot anota los dos y cierra el marcador con un “definitivo” 79-82. El Lavrio gana el derby ateniense y consigue su primera victoria de la temporada, que supone también la primera de su toda su historia en la máxima competición. Además, rompe la imbatibilidad de los rojos, que llevaban dos de dos en la liga.


El partido termina, pero el Kifisiá presenta una queja formal. Recurre por la canasta de Mavroeidis no concedida a falta de 27,5 segundos. Es por eso que en la clasificación aparecían unos asteriscos que yo no entendía al lado de los equipos Kifisiá y Lavrio.

30 de octubre de 2015.

El juez competente resuelve de manera absolutamente sorprendente. Surrealismo puro. Aunque parezca una broma, decide dar como válida la canasta de Mavroeidis, pero no cambiar nada de todo lo demás. 

Por lo tanto, a fecha de 30 de octubre, el Lavrio sigue siendo el ganador del partido, aunque no por 79-82, sino por 81-82. ¿Un instant replay a posteriori dictado por un juez?

Evidentemente, el Kifisiá presenta recurso sin dudarlo, porque la resolución es una chapuza de narices. Una decisión salomónica extraña que no convence a los locales.


A todo esto, tanto el entrenador, Ilías Papatheodorou, como el mánager del equipo y el presidente son multados con 2000 euros cada uno por las protestas el día del choque.

Un mes y medio después del partido.

El juez de la competición acepta el recurso y da la razón al Kifisiá: la canasta de Mavroeidis es válida y a partir de ahí se anulan los 27,5 segundos, que se tendrán que jugar. Segunda vez que el juez rearbitra. Espectacular.

Aunque se baraja la fecha del 28 de diciembre para jugar los 27 segundos y pico, porque hay que jugar antes de que acabe la primera vuelta, al final es el 16 de enero el día elegido, 87 días después del inicio del partido.

14 de enero de 2016. 

El marcador señala 81-78 tras canasta de Mavroeidis y el Lavrio saca de fondo.


Como era de esperar, el Lavrio no espera a que terminen los segundos que quedan para presentar su recurso. Los visitantes alegan que en el acta figuran jugadores que no se encuentran en el campo. Efectivamente es así puesto que hay varios profesionales que, durante estos 87 días de intervalo entre el inicio y la reanudación, han cambiado de equipo.

Se juega con los mismos árbitros.

El protagonista del partido, Dimitris Mavroeidis, ya no está en el Kifisiá porque fichó por el AEK al poco de empezar la temporada. Pero eso no es todo, porque los locales tiene nuevos jugadores como Glynniadakis, Smith, Stamatis, El Amin y Lowery que no pueden jugar. El Lavrio sólo tiene a Bolts como jugador nuevo.

Se produce una situación extrañísima y supongo que con pocos precedentes. Ambos equipos se preparan para disputar los 27,5 segundos en medio de un ambiente caldeado. Aficionados del Lavrio acuden a ver lo que queda de encuentro.


Spyridonis comete falta sobre Young, que anota dos tiros libres (81-80).

El Lavrio hace una falta rápida sobre Leonidas Kaselakis, que sólo convierte un tiro (82-80).

Nikos Barlos tiene la opción de victoria, pero falla un triple. Los visitantes cometen falta sobre Gikas, que anota uno de los dos tiros libres (83-80).

Young lanza a la desesperada desde medio campo, pero el balón no entra. Resultado “final”: 83-80 para el Kifisiá.

Todo quedaría en una anécdota si no fuera porque el Lavrio es uno de los equipos que pelea por mantener la categoría. Una victoria es media vida.

Curiosamente, Dimitris Mavroeidis, pese a no jugar los últimos segundos por ser jugador del AEK, queda como MVP de la tercera jornada 87 días después. No lo había sido, puesto que su equipo, en principio, había perdido.


Tras dos resoluciones distintas, 87 días, varias multas y varios fichajes, el Kifisiá ganó el partido salvo que cuaje el recurso del Lavrio.


El día 28 de enero saldrá la resolución definitiva. O tal vez no. 

sábado, 9 de mayo de 2015

Más madera.




En Grecia la cosa va de lío en lío. Para variar, el último derby entre el Panathinaikós y el Olympiacós acabó en polémica. Un gesto poco afortunado de Spanoulis encolerizó a los aficionados verdes del OAKA y sacó de sus casillas a Dimitris Giannakopoulos, el propietario del club.


El capitán rojiblanco “hizo un Riquelme” tras un triple, gesto que ya había realizado en el SEF, su casa, un día de remontada, y el público local se cabreó. Hubo un amago de invasión y cayeron objetos al banquillo desde la grada durante un tiempo muerto, y el partido se paró unos minutos. El choque pudo terminarse y acabó con la victoria del Olympiacós por 66-77.

El jaleo continuó en los vestuarios, donde Dimitris Giannakopoulos insultó gravemente a Spanoulis. La Federación sancionó al PAO con una multa de 38.500€ y tres partidos a puerta cerrada, y a Spanoulis con una de 400€.


Mi opinión personal del asunto es que ni el gesto de Spanoulis fue para tanto, ni el lanzamiento de objetos y amago de invasión tampoco. Claro que Spanoulis debe entender que no se trata sólo del gesto, sino de lo que significa para el máximo rival que lo haga un jugador como él, ex-verde que ha hecho del Olympiacós el mejor equipo de Europa dos veces. Vasilis se humanizó y reaccionó como lo hacía Petrovic en territorio hostil, tocándose las orejas en lugar de levantando el puño, pero nada que ver con la reacción de Bodiroga  en el SEF cuando “le devolvió” al público la botella que le había lanzado, por ejemplo. Podría haber sido peor.

En cuanto a la reacción del público, fue suave en comparación a otras veces, si bien es cierto que el Olympiacós echó a correr en cuanto cayó el primer mechero y la policía no dio opción a que la cosa fuera a más. Además, se pudo jugar el último minuto y pico, hecho que en otras ocasiones no se había producido.

Sobre Dimitris Giannakopoulos queda poco que decir. Su reacción, por enésima vez, fue desproporcionada y perjudicial para el club. No será la última. 


A raíz de lo sucedido, me surgen dos dilemas sobre los cuales me cuesta definirme:

1) ¿Debe un deportista no mostrar su euforia en pista ajena para evitar posibles “represalias”? Sí, ya sé que dependiendo del país la cosa cambia. En España sería impensable que la policía tuviese que acordonar la casa de Rudy Fernández por levantar el puño en el Palau o por dirigirse a la grada, ¿no? ¿Quizás en Grecia se está “futbolizando” demasiado el baloncesto? ¿Consideráis el gesto de Spanoulis una provocación? ¿Tiene que aguantar un profesional que toda la grada le insulte a él y a su mujer durante más de dos horas?

2) ¿Qué haríais si pertenecierais a un club presidido por alguien como Dimitris Giannakopoulos? De buenas a primeras, podríamos pensar que lo mejor sería echarlo. Eso es imposible. Tiene el poder absoluto, porque es el que paga. Si se marcha él, el PAO deja de estar en la élite. Sí, ya sé que la masa social del conjunto de Atenas es muy grande, pero me temo que en cuanto el nivel del equipo empezase a bajar, muchos aficionados “emigrarían”. Es muy fácil hablar desde un sofá o en una cafetería, pero los que ponen la pasta en el baloncesto son la familia Giannakopoulos, ninguna otra. Lo peor de este poder absoluto es que no hay oposición. Nadie se atreve a discutir las decisiones de Dimitris Giannakopoulos. Se critica con la boca pequeña e incluso con miedo.

El positivo de Gist y el adiós de Ivanovic.


Desde la consecución de la Copa, al Panathinaikós todo le está saliendo mal. Costó ganarla casi tanto dentro como fuera de la cancha, pero al final se consiguió. Nada hacía pensar que a partir de ahí el equipo caería en barrena, empezando por el positivo por marihuana de James Gist en la final de la Copa contra el Apolonas Patras. El PAO solicitó el contraanálisis, que volvió a dar positivo, con lo que el jugador, que había renovado por dos temporadas más no hace mucho, puede darse por despedido. Además, Gist es reincidente porque ya dio positivo en el Partizan años atrás. La ausencia del americano en el tramo final de la liga, se me antoja fundamental. Contra el Olympiacós se notó muchísimo que Gist no estaba.

Sobre la destitución de Ivanovic, para mí injusta e incomprensible, deberíamos volver a hablar de la “futbolización”. Dimitris Giannakopoulos lleva ya casi más entrenadores en tres años que su tío en veinte. En el banquillo verde, la sombra de Zeljko es alargada. Cualquiera que trate de compararse con el serbio lleva las de perder. Al parecer, ni el propietario ni la afición lo tienen claro.

Dusko Ivanovic ha pagado una mala Euroleague, en la que ha acabado con más derrotas que victorias, y dos partidos perdidos contra el Olympiacós. La mala imagen en Rusia contra el CSKA sumada a un cuarto partido en el que hubieron algunos pitos, hubieran quedado en el olvido de no ser por la última derrota en casa contra el equipo de El Pireo. Pero como el banquillo del OAKA es, de un tiempo a esta parte, una silla eléctrica, Dusko ha sido fulminado.


Analizándolo fríamente, el PAO este año no tenía plantilla para llegar más lejos en Europa de donde ha llegado, ha ganado la Copa y peleará la liga hasta el final con desventaja de campo, más o menos como cada año. Lo que sí es criticable de Dusko es que se haya equivocado con algunos jugadores. Los interiores Wright, Nelson y Lawal  le han salido rana o no ha sabido sacarles provecho. Slaughter está siendo demasiado irregular y Blums juega muy poco. Los únicos extranjeros que han rendido como se esperaba han sido Gist, que ya estaba el año pasado, y el uruguayo Batista. Muy poco.


Con Argyris Pedoulakis, que ganó la liga y la Copa, se tuvo más paciencia que con Dusko Ivanovic, pero se le criticó duramente por no dar oportunidades a los jugadores jóvenes, algo que precisamente sí ha hecho Dusko. La explosión de Pappás, la mayor solidez de Giankobits, la titularidad del júnior Charalampopoulos, los minutos de Lountzis y la aportación cada vez mayor de la dupla Papagiannis/Diamantakos es mérito del montenegrino y de su equipo técnico. Pero tanto la afición como Dimitris Giannakopoulos deberían haber entendido que los resultados no iban a ser inmediatos. El equipo sigue apoyándose, no sé si demasiado, en la sabiduría de Diamantidis y el trabajo de Fotsis, que están en sus últimos años. Entre los citados y la generación más joven se encuentran Pappás y Giankobits, de la generación Papanikolaou, Sloukas, Mantzaris, que con Ivanovic han gozado de la continuidad que no habían tenido antes.


En el PAO hay una extraordinaria base nacional con la que trabajar, incluso si se retiran Diamantidis y Fotsis, pero falta paciencia. No entiendo el porqué, ya que incluso en época de transición los verdes han seguido ganando títulos. Eso sí, hay que afinar en los fichajes foráneos, porque últimamente se están cubriendo de gloria. Si se corrige ese aspecto, el PAO volverá a estar arriba en dos o tres años.     

viernes, 13 de marzo de 2015

La Copa de los horrores.

El mate de Esteban Batista marcó el inicio de la Copa 2013-2014.



¿Es la Copa de Grecia el torneo más patético de Europa?

Cada año repiten la misma aseveración: “hemos tocado fondo”. “Peor no se pueden hacer las cosas”, aseguran. Pues no. Las cosas siempre pueden ir a peor. Siempre.

La Copa de Grecia de baloncesto –la de fútbol también, pero aquí no toca- nos recuerda año tras año que no hay en Europa una competición más patética.

Partiendo de un formato penoso, sin partidos de ida y vuelta –de recuperar el formato antiguo con Final Four ni soñarlo- y con sorteos sospechosos, las eliminatorias nadie sabe muy bien cuando se juegan. Algunos equipos empiezan a jugar en dieciseisavos, otros en octavos y los más fuertes en cuartos. O algo así, vaya.

Este año el esperpento ha alcanzado cuotas de surrealismo inimaginables.

¿Por qué se ha llegado a esta situación? ¿Quiénes son los culpables?

Yo lo tengo claro: los principales culpables del desaguisado son los aficionados del Panathinaikos y del Olympiacos. Tampoco están exentos de responsabilidad los dirigentes de ambos clubes, echando siempre más leña al fuego, y la Federación, que lleva demasiados años mirando hacia otro lado.

La Copa se ha ido modificando en función del comportamiento de las dos hinchadas, así de claro.

Que es una competición herida de muerte desde hace años, lo saben todos.

Lo único que podía hacer atractiva la Copa era una final Panathinaikos-Olympiacos, y por ello amañaron los sorteos. Digo “amaño” –con todas las letras-, porque es lo que dicen los propios griegos. No es normal que entre la temporada 2007-2008 y la 2012-2013 (6 veces seguidas) las caprichosas bolas nos hayan conducido al mismo enfrentamiento. Con ello, convirtieron la Copa en un torneo de usar y tirar, comida basura.     

Por culpa de los constantes problemas con los violentos, la Federación trasladó la final al Hellinikó, un señor pabellón que casi no se utiliza y que se construyó para los Juegos Olímpicos de Atenas. Ni por esas. Las peleas entre ultras continuaron. Los enfrentamientos se producían antes, durante y después de las finales. Ni siquiera dejar el campo semivacío –sólo se llenaban las esquinas- evitaba el lanzamiento de bengalas y sillas.

Las imágenes  de la final de la temporada 2012-2013 dieron la vuelta al mundo: una bengala impactó en la cabeza de Kyle Hines y aficionados de los dos equipos invadieron la pista. Al día siguiente, los titulares de siempre.  

No se sabe si en la temporada 2013-2014 amañaron el sorteo para evitar precisamente la final de siempre y así los altercados, pero el caso es que PAO y Olympiacos se cruzaron en la semifinal. Los verdes se impusieron en el OAKA, proclamándose campeones oficiosos del título.

Sobre la pantomima de la final del año pasado, ya escribí esto. En lugar de poner la final a medio camino entre Atenas y Salónica, la Federación mandó jugar en Creta. Evidentemente, más del 90% de los aficionados “neutrales” apoyó al Panathinaikós. Un puñado de valientes seguidores amarillos voló desde Salónica o llegó a Creta en barco. En el pabellón sólo había globos verdes preparados para cuando el PAO ganase. Eso sí, se evitó cualquier tipo de enfrentamiento violento entre hinchadas. Café descafeinado.

Como el experimento “salió bien” –no hubo violencia-, decidieron repetir esta temporada. Esta vez, sin embargo, el sorteo deparó el cruce de colosos en cuartos.

El Panathinaikos ganó al Olympiacos gracias a un mate de Batista en el último segundo, con lo que los verdes se adjudicaban oficiosamente el primer título de la temporada nada más empezar.

El choque trajo cola. Los visitantes dominaron casi todo el partido, pero volvieron a desafinar en los últimos minutos. Los aficionados del Pireo cargaron contra sus jugadores y fueron a esperarlos al pabellón para increparles. Bartzokas abandonó el banquillo rojillo y fue sustituido por Milan Tomic de manera interina. Sin embargo, el esperpento no había hecho más que empezar.

El Olympiacós recurrió el partido y ganó en los despachos… hasta que el PAO presentó otro recurso y el tribunal competente acabó dándole la razón.

La Copa personifica una situación cansina, triste y agotadora: por un lado, los dos cocos enredados en sus cosas, y por otro, el resto de equipos.

El PAO-Olympiacos debería haberse jugado a puerta cerrada, porque, para variar, el equipo del trébol arrastraba una sanción de la final liguera de la temporada anterior. Había público en la zona de la tribuna, incluido Dimitris Giannakopoulos, que había sido sancionado con 3 meses sin entrar en recintos deportivos. Se saltó la ley a la torera, como tantas otras veces.

Mientras ambas directivas presentaban recursos y publicaban comunicados, la competición seguía por el otro lado del cuadro. El Apollonas Patras sorprendía al AE Neas Kifisiás en su casa (73-75) y se metía en la final 18 años después.

Cuando parecía que el Olympiacos iba a ser el rival del PAOK en la otra semifinal, el tribunal competente dio por bueno el recurso del PAO y falló a favor de los verdes. Un triple sobre la bocina de Vladimiros Giankovits dio la victoriaal Panathinaikos (68-71) y clasificó a los de Ivanovic para la final.

Por lo tanto, la Copa de este año la ganará el PAO –salvo sorpresa mayúscula- con sangre, sudor, lágrimas, recursos, un “mate uruguayo” y un triple salvador. En lugar de levantar el título en marzo, como estaba previsto, lo hará en abril, y en lugar de hacerlo en una pista neutral, lo hará en su casa.

Lo de la elección de la sede de la final ha puesto el colofón perfecto a un torneo de risa.
La Federación quería llevar de nuevo la final a Creta, pero tanto el PAO como el Patras se mostraron reticentes. ¡Es más, pretendían que la final se jugase en su pabellón! ¿No hay más pabellones en toda Grecia?

La Federación se lavó las manos y optó por la decisión salomónica de sortear la sede entre Patras y Atenas, ahí es nada.

Es la propia organizadora del torneo la que este año acaba decidiendo que la final no se juegue en campo neutral, al contrario que el año pasado, cuando tampoco el PAO y el Aris estaban de acuerdo en viajar a Creta pero tuvieron que tragar.

Una bolita y una mano inocente decidieron, para sonrojo de periodistas, directivos, jugadores y aficionados al baloncesto en general. Lamentable. La final se jugará en el OAKA el 5 de abril, supongo que con aficionados de los dos equipos en el pabellón, o a lo mejor no, que en Grecia nunca se sabe.

jueves, 6 de noviembre de 2014

El comienzo de una nueva era: la temporada 1988-1989 (II)


Mike Jones dejó huella en Grecia.


Al PAOK llegó Mike Jones, al que le apodaron el Cervatillo. Por su manera de jugar y su carácter extrovertido, se ganó a la afición bicéfala, que todavía hoy le recuerda. Le dediqué un post que podéis leer aquí. Un fenómeno, Mike, tanto fuera como dentro de la cancha.

Quinteto con Scurry, Angelou, Middleton, Kambouris y Maniatis.

Al Olympiacós llegaron Carey Scurry y Larry Middleton, dos auténticos jugones, aunque nos centraremos en Scurry porque fue el americano de la liga. Carey era un pájaro de cuidado. Algunos quizás lo recuerden de su paso por el Granollers. 

Su historia es de lo más triste, aunque debemos quedarnos con lo bueno, que en Grecia fue mucho. Scurry era un alero de 2,01 atlético y muy rápido que había jugado tres temporadas en Utah Jazz y cuatro partidos con los Knicks. Jugar en New York fue para él como cumplir un sueño, ya que había nacido en Brooklyn. Nunca fue titular en los Jazz, al que había llegado junto a Karl Malone. Su mejor año fue el último, en el que jugó 29 partidos y anotó una media de 4,8 puntos. Sin embargo, Carey empezó a hacer de las suyas y el sueño americano terminó. En agosto de 1987 fue detenido por conducir bajo los efectos del alcohol.

Scurry jugó en los Utah Jazz con Stockton, Tripucka, Iavaroni y compañía.

El presidente Giorgos Koskotás confirmó el fichaje durante el verano. Costó 37 millones y medio de dracmas (250.000 dólares), un pastón de la época, aunque teniendo en cuenta que llegaba directamente de la NBA y sólo tenía 26 años, no tanto.

Se incorporó al equipo durante la preparación en los Países Bajos y causó una grata impresión. Su debut en partido oficial no pudo ir mejor, puesto que anotó 19 puntos contra el AEK y ayudó a ganar al equipo por 76-71. Era sorprendente su manera de atacar, jugando por encima del aro, pero también su forma de defender, apretando a los bases y emparejándose con hombres más altos sin problemas. Era un portento físico que poseía una habilidad prodigiosa con el balón. Podía salir corriendo él solo y llegar al otro aro en escasos segundos.


Aunque el Olympiacós no era de los equipos punteros y la temporada estuvo plagada de problemas (acabó octavo en la liga), Scurry brilló con luz propia. Junto a Larry Middleton, otro alero velocísimo que no se cansaba de anotar, condujo a los del Pireo a la fase de grupos de la Copa Korac ( superó al Gornik Walbrzych polaco y al Dinamo de Tiblisi primero). En la misma, sólo consiguió una victoria contra el Joventut de Badalona por cinco derrotas. Tampoco en la Copa de Grecia las cosas fueron como se esperaba, puesto que el Olympiacós cayó eliminado en octavos frente el Panionios en casa (71-75).

En todos los partidos daba muestras de su calidad a pesar de que empezó a frecuentar la noche ateniense desde bien pronto. El presidente y el entrenador preferían mirar hacia otro lado, porque la gente lo adoraba. En el partido contra el Panathinaikós (victoria rojiblanca por 86-70), machacó 8 veces el aro contrario, mientras que en un choque jugado en Bolos contra el Iraklís, destrozó un tablero. Además de darle una patada al coach Steve Giatzoglou en pleno partido, cuentan que se le vio un día persiguiéndolo en un entreno con un cuchillo en la mano al grito de “I love you, I love you”.


Sus problemas con el alcohol y las drogas eran archiconocidos, pero aguantó toda la temporada y cobró hasta el último céntimo. Se marchó a la CBA y de ahí a Granollers, Argentina, Bélgica y un largo etcétera. En los 19 partidos que jugó en Grecia, anotó 400 puntos justos (21,1 de media) y cogió 9,8 rebotes. Tras dejar el baloncesto quiso hacerse entrenador, pero seguía tomando drogas y estaba enganchado al alcohol. En 2012 fue detenido por robar porque necesitaba dinero para su dosis, y entró en la cárcel.

Dany Vranes jugó en nuestros añorados Seattle Supersonics con el 23.

La historia de Dany Vranes es de película. Nació en Salt Lake City en 1958 y estudió en su ciudad natal. Fue elegido en el número 5 del Draft de 1981 por los Seattle Supersonics, donde jugó hasta 1986. Su mejor temporada fue la 83/84, en la que acabó con 8,4 puntos y 4,9 rebotes. A continuación jugó dos años en Philadelphia. Era uno de los ídolos de su ciudad e incluso llegó a grabar un anuncio de jabón.

En 1988 fichó por el renovado AEK del nuevo presidente Makis Psomiadis, en lo que sería su primera experiencia fuera de Estados Unidos. ¡Y menuda experiencia! Para jugar la Recopa, su pareja americana fue Clint Richardson, un escolta que había ganado un anillo con Philadelphia.

Vranes fue uno de los mejores americanos de la liga, sino el mejor. Pívot alto, blanco, ágil, delgado, con capacidad reboteadora y anotador. Un buen tipo, familiar, nada problemático y profesional. Prototipo de mormón. 

El AEK se había hecho con los servicios de Kresimir Cosic (con un sueldo de 30 millones de dracmas era el entrenador mejor pagado de Europa) y contaba con dos de los mejores jugadores griegos del país: Minas Gekos y Kostas Patavoukas. Además, aquel verano firmó a la promesa Nasos Galakterós por 170 millones y a Vasilis Lanés, que se lo birló al Olympiacós de las manos. El AEK no tenía mal equipo, pero había un problema en el palco. A Vranes le sedujo la idea de jugar a las órdenes de Cosic -que también acabaría peleado con el presidente- y de conocer otra cultura y otro baloncesto.


Vranes firmó por 500.000 dólares (y 1,6 millones por tres años si todo iba bien). ¡Cuál debió ser su sorpresa cuando los primeros pagos iban dentro de cajas de plátanos! ¡Bananas en la parte de arriba y fajos de billetes en el fondo, cuando lo acordado era que ingresarían sus nóminas en un banco suizo! A los dos meses, se acabaron los pagos o no llegaba todo lo acordado. Y no sólo eso. Todas las promesas quedaron en agua de borrajas. Ni colegio americano para los niños –bueno, sí, pero los echaron porque nadie pagaba-, seguros varios, casa con vistas al Mediterráneo, coche prometido –un Mercedes-… nada. Debería haberlo sospechado cuando le ofrecieron el oro y el moro o haberse informado mejor, aunque por entonces el baloncesto griego estaba en pleno apogeo y había dinero. Sin embargo, al americano llegaron a deberle 140.000 dólares. Se negó a entregar y a jugar hasta que no se le pagase lo adeudado. También Richardson se unió a la queja. 

Vranes viajó a Zagreb para un partido de Recopa de la fase de grupos, pero al llegar encontró su casa revuelta. Además, le habían birlado el coche y había mensajes amenazantes en el contestador del teléfono. “Si intentas marcharte, te matamos”. El pívot cambió las cerraduras y mandó a Estados Unidos a su familia. Suerte tuvo de llevar el pasaporte encima, aunque lo peor vino después. 

Estuvieron siguiéndole y le vieron reunirse con un amigo que tenía en el país. Al cabo de unos días, recibió una llamada del mismo: “Me tienen retenido en un almacén y amenazan con hacerme daño a mí y a mi mujer embarazada si no juegas el partido contra el Panathinaikós.” Así las gastaba Psomiadis. A Vranes no le quedó otra cosa que jugar, “temiendo incluso por mi vida”, como reconoció a Seattle Times años después.

Puso en conocimiento de la Embajada la situación porque no se fiaba de la policía (los tentáculos del presidente llegaban a todas partes) y pidió que le buscasen un vuelo para largarse de inmediato. Preparó las maletas antes de ir al campo. “Vi a a mi amigo en el pabellón rodeado por miembros de seguridad privada del presidente. Uno se acercó y me dijo que jugase bien o le harían daño. Anoté la canasta del triunfo y ganamos. No dejé que nadie me tocase durante la celebración.” Al día siguiente, cogió el avión y desapareció. Reclamó infructuosamente durante años lo que se le adeudaba. “Este tipo gobierna el país”, decía. Luego jugó en Italia. Él y su manager desaconsejaron a todos los que les preguntaron que fuesen a jugar a Grecia. 

Lo increíble es que después de aquello, Psomiadis siguió con cargos de responsabilidad, no sólo en el AEK, sino en otros clubs. También tuvo sus más y sus menos con jugadores de fútbol –que se lo pregunten a Demis Nikolaidis-.

Makis Psomiadis –suegro de Ioannis Bourousis- es todo un personaje. Ya le dediqué un post porque a mi llegada a Grecia me llamó la atención. Actualmente está en la cárcel, porque desde entonces continuó haciendo trapicheos de los suyos.

Psomiadis y Sabonis.

Una anécdota de aquella temporada fue la del partido contra el Zalgiris y su oferta por Arbydas Sabonis, aprovechando que los verdes fueron a jugar a Grecia en la Recopa. Psomiadis compró el partido, aunque a la postre no sirvió de nada porque el AEK perdió contra la Cibona. “Sabonis era un mal actor”, afirmó Vranes, que aquella noche le metió al Zar 38 puntos (¡!). “El presidente compró el partido para ganarse a la gente y para que los aficionados se animasen a venir más al pabellón.”

Las aventuras de Dany Vranes explicadas en Triponto.

Luego se supo todo por un reportaje en la revista Triponto. La prensa afín al presidente no tardó en difundir falsos rumores sobre la vida privada de Vranes mientras los compañeros se mantenían al margen. En cuanto dejó de entrenar, el club dejó de pagar las facturas de luz y se la cortaban de vez en cuando.

Richardson abandonó el AEK antes de terminar la temporada para jugar en Seattle y renunció a la pasta que le debían, pero Vranes no. El pívot decidió quedarse para intentar cobrar y se convirtió en uno de los mejores jugadores de la liga. Estuvo muchos años reclamando los impagos, pero fue en balde. 

Denunció también que Psomiadis tenía comprados a varios árbitros, puesto que jugaban contra el potente Panathinaikós y castigaban en exceso a los verdes, que entonces no gozaban del poder que tendrían años después. 


Otra anécdota es la de la fiesta que el presidente organizó en su honor, para hacerle recapacitar. Lo mandó llamar y le dio una bolsa con 2000 dólares, pero para Vranes no era suficiente porque le debía mucho más. Acabó cobrando en total 20.000 de los 500.000 dólares prometidos. Dany, todo un número 5 del Draft, terminó harto del país y soltando pestes allí donde iba.

A pesar de la pesadilla que vivió en Atenas, el americano hizo una gran temporada. El AEK llegó hasta la semifinal en la Copa de Grecia y quedó eliminado en la fase de grupos de la Recopa. En la liga acabó en una discreta sexta plaza.

Luego se supo que el dinero de Psomiadis provenía del contrabando y acabó siendo perseguido por la justicia. Sólo duró un año en la presidencia del club. En marzo sufrió un intento de asesinato, aunque hay quien dice que se autolesionó. En el hospital se enteró de que iban a detenerlo y desapareció de la faz de la tierra durante un tiempo. En Italia Vranes siguió jugando a muy buen nivel e hizo pareja con Darryl Middleton.

Estos americanos fueron las caras nuevas más destacadas de aquella inolvidable temporada en la que el Aris volvió a hacer el doblete.  Los amarillos decidieron no arriesgar y mantuvieron al pívot canadiense Greg Wiltjer, que jugó su segunda temporada en Salónica. Quizás un americano fuerte dentro de la zona hubiera ido bien para afrontar con más garantías la Copa de Europa. En la Final Four la carencias en la pintura fueron evidentes.

El Iraklís inscribió a David Ancrum, un escolta zurdo sensacional que se había ganado el puesto la temporada anterior en sus escasas apariciones en la Copa Korac. Logró la quinta plaza y se clasificó para la Korac. Jugó 24 partidos en los que anotó un total de 766 puntos (31,9 de media) y 5,7 rebotes. 


Mark Petway, que había sido la pareja de Delaney Rudd en Europa con el PAOK la temporada anterior, fichó por el Apolón Patras, con el que quedó séptimo.

El morbo de aquellas historias ayudó a crear el mito de aquella primera liga con extranjeros.  A los griegos les encantaban todos aquellos maravillosos jugadores. A veces daba la impresión de que cuanto más golfo era el deportista, más querido. Salvo Vranes, que directamente los trata de locos, el resto de jugadores siempre destaca, todavía hoy, la pasión con la que vivían los aficionados los partidos. 

Kresimir Cosic.

No podemos olvidar, antes de echar el cierre, que aquella temporada en los banquillos se sentaron entrenadores de la personalidad de Ioannis Ioannidis (Aris), Kresimir Cosic (AEK) –que se fue antes de terminar la temporada y fue sustituido por Nikos Nesiadis-, Steve Giatzoglou (Olympiacós), Mihalis Kyritsis (PAO), Johny Newman (PAOK)–sustituido por Kostas Politis hacia el final de la temporada- o Vlado Djurovic (Panionios). Es decir, un año de auténticos sargentos. No me extraña que algunos acabasen hasta las narices de los indisciplinados.

El verano siguiente, al margen del affaire Psomiadis –en paradero desconocido-, fue Giorgos Koskotás, el presidente del Olympiacós, el que se vio envuelto en un escándalo de gran magnitud. En el mismo estaba involucrado el partido del Gobierno (PASOK) y algún banco. Koskotás se fugó en avión a Italia de la noche a la mañana, pero fue cazado por las autoridades y metido entre rejas.

Koskotás en el hotel rejas y en portada.

Nota: nunca me cansaré de recomendar la sección Χρόνια και Ζαμάνια de la web Sentragoal.gr. El periodista Giorgos Kouvaris ha recuperado algunas de estas historias e incluso ha logrado hablar con los protagonistas (con Scurry no porque estaba en la cárcel, aunque sí lo hizo con su hermano). Una fuente de inspiración constante para los que adoren el baloncesto retro, con fotos y vídeos muy recomendables. Sobre Edgar Jones, escribió esto, sobre Landsbrger esto y sobre Scurry esto. En la misma página, Stela Papadopoulos nos recordó la historia de Mike Jones aquí, y en Gazzetta.gr Nikos Papadogiannis la de Dany Vranes.

El espacio de Javier Ortiz en la página de la ACB también es maravilloso. Como la mayoría de nuestros protagonistas también pasaron por la ACB, Ortiz les dedica unas líneas. Escribió esta entrada sobre Carey Scurry, esta otra sobre Mark Landsberger y esta sobre Edgar Jones.