Ya hablé de los problemas de los colosos griegos
hace un par de semanas, pero estos últimos días ha estallado el polvorín verde.
Con el Panathinaikós me quedé corto.
Tras haber sido barrido por el Laboral Kutxa en los cruces de la Euroliga, los acontecimientos en la
casa verde se precipitaron. La misma noche del tercer partido, SashaDjordjevic fue cesado. La lamentable imagen que dio el equipo unido
a la necesidad de encontrar un revulsivo, hicieron que Dimitris Gianakópoulos optase por el cambio de entrenador.
Llegó Argyris
Pedoulakis, al que se le criticó en su anterior época por ser demasiado
blando, que lo primero que hizo fue dar de baja a Kuzmic y Pavlovic, dos
de los pretorianos de Djordjevic. Nikos Pappás, que había sido marginado
por el serbio, volvió a las convocatorias, así como Charalampópoulos, que no había disfrutado de muchos minutos.
El PAO
se mete en las semifinales de la liga sin hacer nada del otro mundo. En el
primer partido de las mismas, derrota con apuros al Aris por 85-79. En el segundo, 74-60 y todo apunta a que la serie
no regresará a Atenas.
Sin embargo, el Aris muestra su mejor cara en el tercer choque y se impone al PAO por 77-68. Los de Pedoulakis tendrán que mejorar mucho si
quieren ganar el cuarto. Lo más grave del asunto es que el Aris gana con bajas muy sensibles. La plantilla está completamente
coja. La gran diferencia entre unos y otros es que los locales son un grupo
unido y los visitantes no.
La mañana del lunes estalla la bomba informativa.
La página basketplus.gr cuelga fotos
de tres jugadores del PAO saliendo de
fiesta por Salónica. Haynes, Gist y Feldeine se fueron por ahí después de la derrota y fueron cazados.
La misma página asegura que el sábado por la noche, la víspera del tercer
partido, también fueron vistos en una fiesta de Dj’s, aunque no hay fotos. ¿Se
hubieran atrevido con Djordjevic?
Tal como están las cosas en el PAO, saltarse las normas de orden
interno de esa manera merece un castigo ejemplar. ¿O tal vez no?
Pedoulakis monta en
cólera y deja a los tres “profesionales” fuera del entreno del martes. Calathes no jugó el tercer partido y es
duda. ¿Se atreverá a no convocar a los noctámbulos y a dejar la plantilla
completamente coja?
La decisión no es fácil. Argyris se debate entre imponer su autoridad y el riesgo a perder
el cuarto partido.
El Aris
gana el cuarto partido en el Alexandrio
y fuerza el quinto, algo que no pasaba desde hacía 11 años. Los de Dimitris Priftis, muy fuertes en casa
todo el año, ya habían roto la racha de 23 derrotas seguidas contra el PAO dos días antes. En un mal partido,
los locales se imponen por un triste 56-50 al conjunto de Pedoulakis. En el tercer cuarto, el Aris da la vuelta a la contienda gracias a un parcial de 19-5. La
valoración del PAO al terminar el
partido es de 39 (Calathes suma 1/11
en el tiro). Los atenienses jugaron con 9. El Aris, que sigue sin Xanthopoulos
ni Jaggins, iguala la eliminatoria
gracias a White y Mcneil.
Pedoulakis ha demostrado firmeza en su decisión a
costa de perder un partido que podría haber ganado. ¿Qué pasará si al Aris se le ocurre ganar en el OAKA?
No sé si el trío Gist-Feldeine-Haynes seguirá castigado, pero haría bien Argyris en dejarlos jugar. Con un
partido y un multazo creo que es suficiente.
Dimitris Diamantidis
no se merece este final. Si este año está siendo complicado para el PAO, no quiero pensar qué puede pasar
el año que viene sin el capitán.
El Panathinaikós
ganará el quinto partido por lo civil o por lo criminal, no me cabe duda. La
cuestión es que si tal como está será capaz de plantar cara a un firme Olympiacós.
Para los que se
pregunten por qué en Grecia no hay formato de final a cuatro o final a ocho en
la Copa, que tomen nota.
Se lió parda el
año pasado en la zona de aparcamiento de la final four de voleibol femenino,
este año hubo problemas en la final a cuatro de la Copa de balonmano femenino, con interrupción incluida en medio de
una semifinal, etcétera, etcétera. Si nos pusiéramos a hablar de fútbol, donde
no hay final four, no acabaríamos. Sin ir más lejos, el partido de CopaPAOK-Olympiacós de hace un par de meses, no terminó por invasión de
campo y lanzamiento de bengalas.
Lo que pasa en
Tumba, barrio y nombre del estadio del PAOK,
un día y otro también, es inadmisible. Cada vez que juega el Olympiacós se monta un pollo de
narices. Se refuerza la seguridad, se amenaza y se multa, pero nada cambia.
Igualmente se
montan quilombos en los campos del Panathinaikós,
del AEK, del Aris, del Panionios y muchos
otros, sin importar demasiado la categoría o los rivales que jueguen. No
recomiendo ni recomendaré nunca ir al fútbol en Grecia. Además, te aburres como
una ostra de lo mal que juegan. No me extraña que los estadios estén casi
siempre vacíos y que el nivel de la Selección
haya caído en picado.
Pero hablemos de
baloncesto, que es lo que nos preocupa.
Ya hace
bastantes años que la competición masculina de la Copa es una farsa, con eliminatorias a un partido y sorteos
amañados. Sin embargo, a pesar de que el formato de final four fue desterrado
para siempre, las peleas entre aficionados han seguido. Ni las autoridades ni
los clubes han sido capaces de poner fin a la violencia.
En el campeonato
liguero ha pasado lo mismo, llegándose a suspender la serie final del torneo
por lanzamiento masivo de objetos.
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Hace poco más de
una semana tuvo lugar en Leukada la final a cuatro de la Copa de Grecia de baloncesto femenino. A ella se clasificaron el Panathinaikós, el Olympiacós, el Athinaikós
y el PAOK de Salónica. El 18 de
marzo el Panathinaikós ganó por la
mínima al Athinaikós (67-66) y el Olympiacós apalizó al PAOK (85-48). La final estaba servida.
Me sorprendió ver que era la primera final de Copa entre los dos colosos. Lamentablemente, los imbéciles no iban
a dejar escapar la oportunidad de liarla a pesar de las notables medidas de
seguridad.
Que la final se
disputase en Leukada, territorio neutral y alejado de Atenas, no impidió la
pelea. Es más, parece que motivó más a los delincuentes. Ni siquiera el hecho
de que para llegar a la isla haya que cruzar un puente móvil vigilado puso
freno a la locura.
Al parecer,
grupos organizados de ambos equipos quedaron vía redes sociales para pegarse.
Tal cual.
Algunos de los
seguidores del Olympiacós se
hallaban hospedados en el hotel IonionStar de Leukada, donde también había
familias con niños y otros huéspedes que simplemente estaban allí de paso o
para ver la final four.
Según cuentan
algunos clientes del hotel, a las dos de la madrugada empezaron a oirse cantos
de los hinchas del Olympiacós, que
supuestamente estaban esperando a los rivales o tenían la intención de salir de
fiesta. Sin embargo, como pasó la hora y nadie se presentó a la cita, se fueron
todos a dormir.
¡Cuál sería su
sopresa cuando a eso de las cuatro de la madrugada los hooligans del Panathinaikós
empezaron a atacar el hotel! Unos 150 verdes, todos perfectamente organizados, viajaron
desde Mesolongi con sus coches particulares, cruzaron el puente móvil y se
presentaron en la esplanada que hay frente al hotel armados con piedras, palos
y cócteles molotov. No se sabe muy bien si simplemente amenazaron al vigilante
del puente o si directamente lo ataron, pero el caso es que los vándalos, una
vez aparcados los coches, se pusieron manos a la obra.
La piedras
rompieron los cristales de las habitaciones y de varios coches de gente
inocente que estaban aparcados en la calle. A los aficionados del Olympiacós, que no pasaban de la
cuarentena, les pillaron durmiendo.
No contentos con
el lanzamiento de cócteles y piedras, los animales la tomaron con el hotel.
Destrozaron la recepción casi por completo, se metieron dentro y fueron
habitación por habitación en busca de pelea. Empezaron a golpear en las puertas
como locos ante el acojone general de los radicales rojiblancos y de los
huéspedes que nada tenían que ver con aquello. Vaciaron los extintores y los
utilizaron para romper las puertas. Vistas las fotos, aquello debía ser
parecido a una batalla, que se trasladó del hotel a la zona del parque de la
playa, no muy lejos de allí.
En el Ionion Star también había hospedadas
algunas jugadoras de otros equipos que habían viajado a Leukada para ver la Copa como simples aficionadas. Escuchar
alguno de sus relatos pone los pelos de punta. Pasaron un miedo atroz.
La pelea acabó
con siete heridos, que fueron trasladados al hospital. Se discutió si se debía
disputar o no la final, aunque al final se decidió tirar adelante. El Olympiacós levantó su primera Copa tras imponerse por 63-60, pero la
gente comentó más el suceso ocurrido en la madrugada que el partido.
Al cabo de unos
días, la policía detuvo a seis o siete radicales de los más de 200 que
estuvieron implicados en los altercados. Triste, penoso, vergonzoso,
lamentable, terrible, tremendo, ridículo, infame. Que queréis que os diga: que
se vayan todos a hacer puñetas.
No se me ha ocurrido titular la entrada de otra
manera. Quizás “esperpento” también le iría bien. Reconozco que me constó
entender lo que había sucedido, porque es de lo más extraño que he visto
nunca.
24 de octubre de 2015.
Situémonos en la tercera jornada del campeonato.
En el barrio de Nea Kifisiá se
enfrentan el equipo local, el Kifisiá,
contra el Lavrio, equipo recién
ascendido.
El partido transcurre con aparente normalidad
hasta el último minuto. Vayamos punto por punto para que se entienda mejor.
Con 79-78 para los locales, el
Kifisiá apura su ataque, mete el
balón dentro a Mavroeidis, que
anota. Sin embargo, los árbitros anulan la canasta por considerar que había
terminado la posesión. Quedan 27 segundos y 5 décimas.
Jamal Nixon toma la
responsabilidad y anota para los amarillos. El Lavrio se pone por delante 79-80 y acaricia el triunfo.
Nikos Gikas es ahora
el que toma la responsabilidad por parte de los locales. El base ya había
anotado el tiro decisivo la semana anterior en Salónica contra el PAOK. Sin embargo, esta vez yerra el
tiro.
Nikos Barlos coge el
rebote defensivo y el Kifisiá comete
falta con el reloj a cero. El veterano pívot anota los dos y cierra el marcador
con un “definitivo” 79-82. El Lavrio
gana el derby ateniense y consigue su
primera victoria de la temporada, que supone también la primera de su toda su
historia en la máxima competición. Además, rompe la imbatibilidad de los rojos,
que llevaban dos de dos en la liga.
El partido termina, pero el Kifisiá presenta una queja formal.
Recurre por la canasta de Mavroeidis
no concedida a falta de 27,5 segundos. Es por eso que en la clasificación
aparecían unos asteriscos que yo no entendía al lado de los equipos Kifisiá y Lavrio.
30 de octubre de 2015.
El juez competente resuelve de manera
absolutamente sorprendente. Surrealismo puro. Aunque parezca una broma, decide
dar como válida la canasta de Mavroeidis,
pero no cambiar nada de todo lo demás.
Por lo tanto, a fecha de 30 de octubre, el Lavrio sigue siendo el ganador del
partido, aunque no por 79-82, sino por 81-82. ¿Un instant replay a posteriori dictado por un juez?
Evidentemente, el Kifisiá presenta recurso sin dudarlo, porque la resolución es una
chapuza de narices. Una decisión salomónica extraña que no convence a los
locales.
A todo esto, tanto el entrenador, Ilías Papatheodorou, como el mánager
del equipo y el presidente son multados con 2000 euros cada uno por las
protestas el día del choque.
Un mes y medio después del partido.
El juez de la competición acepta el recurso y da
la razón al Kifisiá: la canasta de Mavroeidis es válida y a partir de ahí
se anulan los 27,5 segundos, que se tendrán que jugar. Segunda vez que el juez
rearbitra. Espectacular.
Aunque se baraja la fecha del 28 de diciembre para
jugar los 27 segundos y pico, porque hay que jugar antes de que acabe la
primera vuelta, al final es el 16 de enero el día elegido, 87 días después del
inicio del partido.
14 de enero de 2016.
El marcador señala 81-78 tras canasta de Mavroeidis y el Lavrio saca de fondo.
Como era de esperar, el Lavrio no espera a que terminen los segundos que quedan para
presentar su recurso. Los visitantes alegan que en el acta figuran jugadores
que no se encuentran en el campo. Efectivamente es así puesto que hay varios
profesionales que, durante estos 87 días de intervalo entre el inicio y la
reanudación, han cambiado de equipo.
Se juega con los mismos árbitros.
El protagonista del partido, Dimitris Mavroeidis, ya no está en el Kifisiá porque fichó por el AEK
al poco de empezar la temporada. Pero eso no es todo, porque los locales tiene
nuevos jugadores como Glynniadakis, Smith, Stamatis, El Amin y Lowery que no pueden jugar. El Lavrio sólo tiene a Bolts como jugador nuevo.
Se produce una situación extrañísima y supongo que
con pocos precedentes. Ambos equipos se preparan para disputar los 27,5
segundos en medio de un ambiente caldeado. Aficionados del Lavrio acuden a ver lo que queda de encuentro.
Spyridonis comete
falta sobre Young, que anota dos
tiros libres (81-80).
El Lavrio hace una falta rápida sobre Leonidas Kaselakis, que sólo convierte un tiro (82-80).
Nikos Barlos tiene la
opción de victoria, pero falla un triple. Los visitantes cometen falta sobre Gikas, que anota uno de los dos tiros
libres (83-80).
Young lanza a la
desesperada desde medio campo, pero el balón no entra. Resultado “final”: 83-80
para el Kifisiá.
Todo quedaría en una anécdota si no fuera porque
el Lavrio es uno de los equipos que
pelea por mantener la categoría. Una victoria es media vida.
Curiosamente, Dimitris
Mavroeidis, pese a no jugar los últimos segundos por ser jugador del AEK, queda como MVP de la tercera jornada 87 días después. No lo había sido, puesto
que su equipo, en principio, había perdido.
Tras dos resoluciones distintas, 87 días, varias
multas y varios fichajes, el Kifisiá
ganó el partido salvo que cuaje el recurso del Lavrio.
El día 28 de enero saldrá la resolución definitiva.
O tal vez no.
En Grecia la
cosa va de lío en lío. Para variar, el último derby entre el Panathinaikós y el Olympiacós acabó en polémica. Un gesto poco afortunado de Spanoulis encolerizó a los aficionados
verdes del OAKA y sacó de sus
casillas a Dimitris Giannakopoulos,
el propietario del club.
El capitán
rojiblanco “hizo un Riquelme” tras un
triple, gesto que ya había realizado en el SEF,
su casa, un día de remontada, y el público local se cabreó. Hubo un amago de
invasión y cayeron objetos al banquillo desde la grada durante un tiempo
muerto, y el partido se paró unos minutos. El choque pudo terminarse y acabó
con la victoria del Olympiacós por
66-77.
El jaleo
continuó en los vestuarios, donde Dimitris
Giannakopoulos insultó gravemente a Spanoulis.
La Federación
sancionó al PAO con una multa de
38.500€ y tres partidos a puerta cerrada, y a Spanoulis con una de 400€.
Mi opinión
personal del asunto es que ni el gesto de Spanoulis
fue para tanto, ni el lanzamiento de objetos y amago de invasión tampoco. Claro
que Spanoulis debe entender que no
se trata sólo del gesto, sino de lo que significa para el máximo rival que lo
haga un jugador como él, ex-verde que ha hecho del Olympiacós el mejor equipo de Europa dos veces. Vasilisse humanizó y reaccionó como lo hacía Petrovic en territorio hostil, tocándose las orejas en lugar de
levantando el puño, pero nada que ver con la reacción de Bodirogaen el SEF cuando “le devolvió” al público la
botella que le había lanzado, por ejemplo. Podría haber sido peor.
En cuanto a la
reacción del público, fue suave en comparación a otras veces, si bien es cierto
que el Olympiacós echó a correr en
cuanto cayó el primer mechero y la policía no dio opción a que la cosa fuera a
más. Además, se pudo jugar el último minuto y pico, hecho que en otras ocasiones
no se había producido.
Sobre Dimitris Giannakopoulos queda poco que
decir. Su reacción, por enésima vez, fue desproporcionada y perjudicial para el
club. No será la última.
A raíz de lo
sucedido, me surgen dos dilemas sobre los cuales me cuesta definirme:
1) ¿Debe un
deportista no mostrar su euforia en pista ajena para evitar posibles
“represalias”? Sí, ya sé que dependiendo del país la cosa cambia. En España
sería impensable que la policía tuviese que acordonar la casa de Rudy Fernández por levantar el puño en
el Palau o por dirigirse a la grada,
¿no? ¿Quizás en Grecia se está “futbolizando” demasiado el baloncesto?
¿Consideráis el gesto de Spanoulis
una provocación? ¿Tiene que aguantar un profesional que toda la grada le
insulte a él y a su mujer durante más de dos horas?
2) ¿Qué haríais
si pertenecierais a un club presidido por alguien como DimitrisGiannakopoulos?
De buenas a primeras, podríamos pensar que lo mejor sería echarlo. Eso es
imposible. Tiene el poder absoluto, porque es el que paga. Si se marcha él, el PAO deja de estar en la élite. Sí, ya
sé que la masa social del conjunto de Atenas es muy grande, pero me temo que en
cuanto el nivel del equipo empezase a bajar, muchos aficionados “emigrarían”.
Es muy fácil hablar desde un sofá o en una cafetería, pero los que ponen la
pasta en el baloncesto son la familia Giannakopoulos,
ninguna otra. Lo peor de este poder absoluto es que no hay oposición. Nadie se
atreve a discutir las decisiones de Dimitris
Giannakopoulos. Se critica con la boca pequeña e incluso con miedo.
El positivo de Gist y el adiós de Ivanovic.
Desde la
consecución de la Copa, al Panathinaikós todo le está saliendo
mal. Costó ganarla casi tanto dentro como fuera de la cancha, pero al final se
consiguió. Nada hacía pensar que a partir de ahí el equipo caería en barrena,
empezando por el positivo por marihuana de James
Gist en la final de la Copa contra el Apolonas Patras. El PAO solicitó el contraanálisis, que
volvió a dar positivo, con lo que el jugador, que había renovado por dos
temporadas más no hace mucho, puede darse por despedido. Además, Gist es reincidente porque ya dio
positivo en el Partizan años atrás.
La ausencia del americano en el tramo final de la liga, se me antoja
fundamental. Contra el Olympiacós se
notó muchísimo que Gist no estaba.
Sobre la
destitución de Ivanovic, para mí
injusta e incomprensible, deberíamos volver a hablar de la “futbolización”. Dimitris Giannakopoulos lleva ya casi
más entrenadores en tres años que su tío en veinte. En el banquillo verde, la
sombra de Zeljko es alargada.
Cualquiera que trate de compararse con el serbio lleva las de perder. Al
parecer, ni el propietario ni la afición lo tienen claro.
Dusko Ivanovic ha pagado una mala Euroleague, en la que ha acabado con
más derrotas que victorias, y dos partidos perdidos contra el Olympiacós. La mala imagen en Rusia
contra el CSKA sumada a un cuarto
partido en el que hubieron algunos pitos, hubieran quedado en el olvido de no
ser por la última derrota en casa contra el equipo de El Pireo. Pero como el
banquillo del OAKA es, de un tiempo
a esta parte, una silla eléctrica, Dusko
ha sido fulminado.
Analizándolo
fríamente, el PAO este año no tenía
plantilla para llegar más lejos en Europa de donde ha llegado, ha ganado la Copa
y peleará la liga hasta el final con desventaja de campo, más o menos como cada
año. Lo que sí es criticable de Dusko
es que se haya equivocado con algunos jugadores. Los interiores Wright, Nelson y Lawalle han salido rana o no ha sabido sacarles
provecho. Slaughter está siendo
demasiado irregular y Blums juega
muy poco. Los únicos extranjeros que han rendido como se esperaba han sido Gist, que ya estaba el año pasado, y el
uruguayo Batista. Muy poco.
Con Argyris Pedoulakis, que ganó la liga y la Copa,
se tuvo más paciencia que con Dusko
Ivanovic, pero se le criticó duramente por no dar oportunidades a los
jugadores jóvenes, algo que precisamente sí ha hecho Dusko. La explosión de Pappás,
la mayor solidez de Giankobits, la
titularidad del júnior Charalampopoulos,
los minutos de Lountzis y la
aportación cada vez mayor de la dupla Papagiannis/Diamantakos es mérito del montenegrino
y de su equipo técnico. Pero tanto la afición como DimitrisGiannakopoulos
deberían haber entendido que los resultados no iban a ser inmediatos. El equipo
sigue apoyándose, no sé si demasiado, en la sabiduría de Diamantidis y el trabajo de Fotsis,
que están en sus últimos años. Entre los citados y la generación más joven se
encuentran Pappás y Giankobits, de la generación Papanikolaou, Sloukas, Mantzaris, que
con Ivanovic han gozado de la
continuidad que no habían tenido antes.
En el PAO hay una extraordinaria base
nacional con la que trabajar, incluso si se retiran Diamantidis y Fotsis,
pero falta paciencia. No entiendo el porqué, ya que incluso en época de
transición los verdes han seguido ganando títulos. Eso sí, hay que afinar en
los fichajes foráneos, porque últimamente se están cubriendo de gloria. Si se
corrige ese aspecto, el PAO volverá
a estar arriba en dos o tres años.
El mate de Esteban Batista marcó el inicio de la Copa 2013-2014.
¿Es la Copa de Grecia el torneo más patético de Europa?
Cada año repiten
la misma aseveración: “hemos tocado
fondo”. “Peor no se pueden hacer las cosas”, aseguran. Pues no. Las cosas
siempre pueden ir a peor. Siempre.
La Copa de Grecia de baloncesto –la de fútbol
también, pero aquí no toca- nos recuerda año tras año que no hay en Europa una competición más patética.
Partiendo de un formato
penoso, sin partidos de ida y vuelta –de recuperar el formato antiguo con Final Four ni soñarlo- y con sorteos
sospechosos, las eliminatorias nadie sabe muy bien cuando se juegan. Algunos
equipos empiezan a jugar en dieciseisavos, otros en octavos y los más fuertes
en cuartos. O algo así, vaya.
Este año el esperpento ha alcanzado cuotas
de surrealismo inimaginables.
¿Por qué se ha llegado a esta situación?
¿Quiénes son los culpables?
Yo lo tengo claro: los principales
culpables del desaguisado son los aficionados del Panathinaikos y del
Olympiacos. Tampoco están exentos de responsabilidad los dirigentes de ambos
clubes, echando siempre más leña al fuego, y la Federación, que lleva
demasiados años mirando hacia otro lado.
La Copa se ha ido modificando en función del
comportamiento de las dos hinchadas, así de claro.
Que es una
competición herida de muerte desde hace años, lo saben todos.
Lo único que podía hacer atractiva la Copa era una final
Panathinaikos-Olympiacos, y por ello amañaron los sorteos. Digo “amaño”
–con todas las letras-, porque es lo que dicen los propios griegos. No es normal
que entre la temporada 2007-2008 y la 2012-2013 (6 veces seguidas) las
caprichosas bolas nos hayan conducido al mismo enfrentamiento. Con ello,convirtieron la Copa
en un torneo de usar y tirar, comida basura.
Por culpa de los
constantes problemas con los violentos, la Federación
trasladó la final al Hellinikó, un
señor pabellón que casi no se utiliza y que se construyó para los Juegos Olímpicos de Atenas. Ni por
esas. Las peleas entre ultras continuaron. Los enfrentamientos se producían
antes, durante y después de las finales. Ni siquiera dejar el campo semivacío
–sólo se llenaban las esquinas- evitaba el lanzamiento de bengalas y sillas.
Las
imágenesde la final de la temporada
2012-2013 dieron la vuelta al mundo: una bengala impactó en la cabeza de Kyle Hines y aficionados de los dos
equipos invadieron la pista. Al día siguiente, los titulares de siempre.
No se sabe si en
la temporada 2013-2014 amañaron el sorteo para evitar precisamente la final de
siempre y así los altercados, pero el caso es que PAO y Olympiacos se
cruzaron en la semifinal. Los verdes se impusieron en el OAKA, proclamándose campeones oficiosos del título.
Sobre la
pantomima de la final del año pasado, ya escribí esto. En lugar de poner la
final a medio camino entre Atenas y Salónica, la Federación
mandó jugar en Creta. Evidentemente, más del 90% de los aficionados “neutrales”
apoyó al Panathinaikós. Un puñado de
valientes seguidores amarillos voló desde Salónica o llegó a Creta en barco. En
el pabellón sólo había globos verdes preparados para cuando el PAO ganase. Eso sí, se evitó cualquier
tipo de enfrentamiento violento entre hinchadas. Café descafeinado.
Como el
experimento “salió bien” –no hubo violencia-, decidieron repetir esta
temporada. Esta vez, sin embargo, el sorteo deparó el cruce de colosos en
cuartos.
El choque trajo
cola. Los visitantes dominaron casi todo el partido, pero volvieron a desafinar en los últimos minutos. Los
aficionados del Pireo cargaron contra sus jugadores y fueron a esperarlos al
pabellón para increparles. Bartzokas
abandonó el banquillo rojillo y fue sustituido por Milan Tomic de manera interina. Sin embargo, el esperpento no había
hecho más que empezar.
El Olympiacós recurrió el partido y ganó
en los despachos… hasta que el PAO
presentó otro recurso y el tribunal competente acabó dándole la razón.
La Copa personifica una situación cansina, triste
y agotadora: por un lado, los dos cocos enredados en sus cosas, y por otro, el
resto de equipos.
El PAO-Olympiacos debería haberse jugado a
puerta cerrada, porque, para variar, el equipo del trébol arrastraba una
sanción de la final liguera de la temporada anterior. Había público en la zona
de la tribuna, incluido DimitrisGiannakopoulos, que había sido
sancionado con 3 meses sin entrar en recintos deportivos. Se saltó la ley a la
torera, como tantas otras veces.
Mientras ambas directivas presentaban
recursos y publicaban comunicados, la competición seguía por el otro lado del
cuadro. El Apollonas Patras
sorprendía al AENeas Kifisiás en su casa (73-75) y se
metía en la final 18 años después.
Por lo tanto, la Copa de este año la ganará el PAO –salvo
sorpresa mayúscula- con sangre, sudor,
lágrimas, recursos, un “mate uruguayo” y un triple salvador. En lugar de
levantar el título en marzo, como estaba previsto, lo hará en abril, y en lugar
de hacerlo en una pista neutral, lo hará en su casa.
Lo de la elección de la sede de la final ha
puesto el colofón perfecto a un torneo de risa.
La Federación
quería llevar de nuevo la final a Creta, pero tanto el PAO como el Patras se mostraron
reticentes. ¡Es más, pretendían que la final se jugase en su pabellón! ¿No hay
más pabellones en toda Grecia?
La
Federación se lavó
las manos y optó por la decisión salomónica de sortear la sede entre Patras y
Atenas, ahí es nada.
Es la propia
organizadora del torneo la que este año acaba decidiendo que la final no se
juegue en campo neutral, al contrario que el año pasado, cuando tampoco el PAO y el Aris estaban de acuerdo en viajar a Creta pero tuvieron que tragar.
Una bolita y una
mano inocente decidieron, para sonrojo de periodistas, directivos, jugadores y
aficionados al baloncesto en general. Lamentable. La final se jugará en el OAKA el 5 de abril, supongo que con
aficionados de los dos equipos en el pabellón, o a lo mejor no, que en Grecia
nunca se sabe.
Al PAOK llegó Mike Jones,
al que le apodaron el Cervatillo. Por
su manera de jugar y su carácter extrovertido, se ganó a la afición bicéfala,
que todavía hoy le recuerda. Le dediqué un post que podéis leer aquí. Un fenómeno,
Mike, tanto fuera como dentro de la
cancha.
Quinteto con Scurry, Angelou, Middleton, Kambouris y Maniatis.
Al Olympiacós llegaron Carey
Scurry y Larry Middleton, dos
auténticos jugones, aunque nos centraremos en Scurry porque fue el americano de la liga. Carey era un pájaro de cuidado. Algunos quizás lo recuerden de su paso por el Granollers.
Su historia es de lo más triste,
aunque debemos quedarnos con lo bueno, que en Grecia fue mucho. Scurry era un alero de 2,01 atlético y
muy rápido que había jugado tres temporadas en Utah Jazz y cuatro partidos con los Knicks. Jugar en New York
fue para él como cumplir un sueño, ya que había nacido en Brooklyn. Nunca fue
titular en los Jazz, al que había
llegado junto a Karl Malone. Su
mejor año fue el último, en el que jugó 29 partidos y anotó una media de 4,8
puntos. Sin embargo, Carey empezó a
hacer de las suyas y el sueño americano terminó. En agosto de 1987 fue detenido
por conducir bajo los efectos del alcohol.
Scurry jugó en los Utah Jazz con Stockton, Tripucka, Iavaroni y compañía.
El presidente Giorgos Koskotás confirmó el fichaje
durante el verano. Costó 37 millones y medio de dracmas (250.000 dólares), un
pastón de la época, aunque teniendo en cuenta que llegaba directamente de la NBA
y sólo tenía 26 años, no tanto.
Se incorporó al equipo durante
la preparación en los Países Bajos y causó una grata impresión. Su debut en
partido oficial no pudo ir mejor, puesto que anotó 19 puntos contra el AEK y ayudó a ganar al equipo por
76-71. Era sorprendente su manera de atacar, jugando por encima del aro, pero
también su forma de defender, apretando a los bases y emparejándose con hombres
más altos sin problemas. Era un portento físico que poseía una habilidad
prodigiosa con el balón. Podía salir corriendo él solo y llegar al otro aro en
escasos segundos.
Aunque el Olympiacós no era de los equipos punteros y la temporada estuvo
plagada de problemas (acabó octavo en la liga), Scurry brilló con luz propia. Junto a Larry Middleton, otro alero velocísimo que no se cansaba de anotar, condujo a los del Pireo a la fase
de grupos de la Copa Korac ( superó al Gornik Walbrzych polaco y al Dinamo de Tiblisi primero). En la
misma, sólo consiguió una victoria contra el Joventut de Badalona por cinco derrotas. Tampoco en la Copa de Grecia las cosas fueron como se
esperaba, puesto que el Olympiacós
cayó eliminado en octavos frente el Panionios
en casa (71-75).
En todos los partidos daba
muestras de su calidad a pesar de que empezó a frecuentar la noche ateniense
desde bien pronto. El presidente y el entrenador preferían mirar hacia otro
lado, porque la gente lo adoraba. En el partido contra el Panathinaikós (victoria rojiblanca por 86-70), machacó 8 veces el
aro contrario, mientras que en un choque jugado en Bolos contra el Iraklís, destrozó un tablero. Además de
darle una patada al coachSteveGiatzoglou en pleno partido, cuentan que se le vio un día
persiguiéndolo en un entreno con un cuchillo en la mano al grito de “I love you, I love you”.
Sus problemas con el alcohol y
las drogas eran archiconocidos, pero aguantó toda la temporada y cobró hasta el
último céntimo. Se marchó a la CBA y de ahí a Granollers, Argentina, Bélgica y un
largo etcétera. En los 19 partidos que jugó en Grecia, anotó 400 puntos justos
(21,1 de media) y cogió 9,8 rebotes. Tras dejar el baloncesto quiso hacerse
entrenador, pero seguía tomando drogas y estaba enganchado al alcohol. En 2012
fue detenido por robar porque necesitaba dinero para su dosis, y entró en la
cárcel.
Dany Vranes jugó en nuestros añorados Seattle Supersonics con el 23.
La historia de Dany Vranes es de película. Nació en
Salt Lake City en 1958 y estudió en su ciudad natal. Fue elegido en el número 5
del Draft de 1981 por los SeattleSupersonics, donde jugó hasta 1986. Su mejor temporada fue la
83/84, en la que acabó con 8,4 puntos y 4,9 rebotes. A continuación jugó dos
años en Philadelphia. Era uno de los ídolos de su ciudad e incluso llegó a grabar un anuncio de jabón.
En 1988 fichó
por el renovado AEK del nuevo
presidente Makis Psomiadis, en lo
que sería su primera experiencia fuera de Estados Unidos. ¡Y menuda
experiencia! Para jugar la Recopa, su pareja
americana fue Clint Richardson, un
escolta que había ganado un anillo con Philadelphia.
Vranes fue uno de los mejores americanos de la liga, sino el mejor.
Pívot alto, blanco, ágil, delgado, con capacidad reboteadora y anotador. Un
buen tipo, familiar, nada problemático y profesional. Prototipo de mormón.
El AEK se había hecho con los servicios de Kresimir Cosic (con un sueldo de 30 millones de dracmas era el
entrenador mejor pagado de Europa) y contaba con dos de los mejores jugadores
griegos del país: Minas Gekos y Kostas Patavoukas. Además, aquel verano
firmó a la promesa Nasos Galakterós
por 170 millones y a Vasilis Lanés,
que se lo birló al Olympiacós de las
manos. El AEK no tenía mal equipo,
pero había un problema en el palco. A Vranes
le sedujo la idea de jugar a las órdenes de Cosic -que también acabaría peleado con el presidente-y de conocer otra cultura y otro
baloncesto.
Vranes firmó por 500.000 dólares (y 1,6 millones por tres años si
todo iba bien). ¡Cuál debió ser su sorpresa cuando los primeros pagos iban
dentro de cajas de plátanos! ¡Bananas en la parte de arriba y fajos de billetes
en el fondo, cuando lo acordado era que ingresarían sus nóminas en un banco
suizo! A los dos meses, se acabaron los pagos o no llegaba todo lo acordado. Y
no sólo eso. Todas las promesas quedaron en agua de borrajas. Ni colegio
americano para los niños –bueno, sí, pero los echaron porque nadie pagaba-,
seguros varios, casa con vistas al Mediterráneo, coche prometido –un Mercedes-…
nada. Debería haberlo sospechado cuando le ofrecieron el oro y el moro o
haberse informado mejor, aunque por entonces el baloncesto griego estaba en
pleno apogeo y había dinero. Sin embargo, al americano llegaron a deberle
140.000 dólares. Se negó a entregar y a jugar hasta que no se le pagase lo
adeudado. También Richardson se unió
a la queja.
Vranes viajó a Zagreb para un partido de Recopa de la fase de grupos, pero al llegar encontró su casa
revuelta. Además, le habían birlado el coche y había mensajes amenazantes en el
contestador del teléfono. “Si intentas
marcharte, te matamos”. El pívot cambió las cerraduras y mandó a Estados
Unidos a su familia. Suerte tuvo de llevar el pasaporte encima, aunque lo peor
vino después.
Estuvieron siguiéndole y le
vieron reunirse con un amigo que tenía en el país. Al cabo de unos días, recibió
una llamada del mismo: “Me tienen
retenido en un almacén y amenazan con hacerme daño a mí y a mi mujer embarazada
si no juegas el partido contra el Panathinaikós.” Así las gastaba Psomiadis.A Vranes no le quedó
otra cosa que jugar, “temiendo incluso
por mi vida”, como reconoció a Seattle Times años después.
Puso en conocimiento de la Embajada la situación
porque no se fiaba de la policía (los tentáculos del presidente llegaban a
todas partes) y pidió que le buscasen un vuelo para largarse de inmediato. Preparó
las maletas antes de ir al campo. “Vi a a
mi amigo en el pabellón rodeado por miembros de seguridad privada del
presidente. Uno se acercó y me dijo que jugase bien o le harían daño. Anoté la
canasta del triunfo y ganamos. No dejé que nadie me tocase durante la
celebración.” Al día siguiente, cogió el avión y desapareció. Reclamó
infructuosamente durante años lo que se le adeudaba. “Este tipo gobierna el país”, decía. Luego jugó en Italia. Él y su
manager desaconsejaron a todos los que les preguntaron que fuesen a jugar a
Grecia.
Lo increíble es que después de
aquello, Psomiadis siguió con cargos
de responsabilidad, no sólo en el AEK,
sino en otros clubs. También tuvo sus más y sus menos con jugadores de fútbol
–que se lo pregunten a Demis Nikolaidis-.
Makis Psomiadis –suegro de Ioannis
Bourousis- es todo un personaje. Ya le dediqué un post porque a mi llegada
a Grecia me llamó la atención. Actualmente está en la cárcel, porque desde
entonces continuó haciendo trapicheos de los suyos.
Psomiadis y Sabonis.
Una anécdota de aquella
temporada fue la del partido contra el Zalgiris
y su oferta por Arbydas Sabonis,
aprovechando que los verdes fueron a jugar a Grecia en la Recopa.
Psomiadis compró
el partido, aunque a la postre no sirvió de nada porque el AEK perdió contra la
Cibona. “Sabonis era un mal actor”, afirmó Vranes, que aquella noche le metió al Zar 38 puntos (¡!). “El presidente compró el partido para ganarse a la gente y para que los
aficionados se animasen a venir más al pabellón.”
Las aventuras de Dany Vranes explicadas en Triponto.
Luego se supo todo por un
reportaje en la revista Triponto. La
prensa afín al presidente no tardó en difundir falsos rumores sobre la vida
privada de Vranes mientras los compañeros
se mantenían al margen. En cuanto dejó de entrenar, el club dejó de pagar las
facturas de luz y se la cortaban de vez en cuando.
Richardson abandonó el AEK
antes de terminar la temporada para jugar en Seattle y renunció a la pasta que le debían, pero Vranes no. El pívot decidió quedarse
para intentar cobrar y se convirtió en uno de los mejores jugadores de la liga.
Estuvo muchos años reclamando los impagos, pero fue en balde.
Denunció también que Psomiadis tenía comprados a varios
árbitros, puesto que jugaban contra el potente Panathinaikós y castigaban en exceso a los verdes, que entonces no
gozaban del poder que tendrían años después.
Otra anécdota es la de la fiesta
que el presidente organizó en su honor, para hacerle recapacitar. Lo mandó llamar
y le dio una bolsa con 2000 dólares, pero para Vranes no era suficiente porque le debía mucho más. Acabó cobrando
en total 20.000 de los 500.000 dólares prometidos. Dany, todo un número 5 del Draft,
terminó harto del país y soltando pestes allí donde iba.
A pesar de la pesadilla que
vivió en Atenas, el americano hizo una gran temporada. El AEK llegó hasta la semifinal en la Copa de Grecia y quedó eliminado en la fase de grupos de la Recopa.
En la liga acabó en una discreta sexta plaza.
Luego se supo que el dinero de Psomiadis provenía del contrabando y
acabó siendo perseguido por la justicia. Sólo duró un año en la presidencia del
club. En marzo sufrió un intento de asesinato, aunque hay quien dice que se
autolesionó. En el hospital se enteró de que iban a detenerlo y desapareció de
la faz de la tierra durante un tiempo. En Italia Vranes siguió jugando a muy buen nivel e hizo pareja con DarrylMiddleton.
Estos americanos fueron las
caras nuevas más destacadas de aquella inolvidable temporada en la que el Aris volvió a hacer el doblete. Los amarillos decidieron no arriesgar y mantuvieron al pívot
canadiense Greg Wiltjer, que jugó su
segunda temporada en Salónica. Quizás un americano fuerte dentro de la zona
hubiera ido bien para afrontar con más garantías la Copa de Europa. En la
Final Four la carencias en
la pintura fueron evidentes.
El Iraklís inscribió a David
Ancrum, un escolta zurdo sensacional que se había ganado el puesto la
temporada anterior en sus escasas apariciones en la
Copa Korac. Logró la
quinta plaza y se clasificó para la Korac. Jugó
24 partidos en los que anotó un total de 766 puntos (31,9 de media) y 5,7
rebotes.
Mark Petway, que había sido la pareja de Delaney Rudd en Europa con el PAOK
la temporada anterior, fichó por el ApolónPatras, con el que quedó séptimo.
El morbo de aquellas historias
ayudó a crear el mito de aquella primera liga con extranjeros.A los griegos les encantaban todos aquellos
maravillosos jugadores. A veces daba la impresión de que cuanto más golfo era
el deportista, más querido. Salvo Vranes,
que directamente los trata de locos, el resto de jugadores siempre destaca,
todavía hoy, la pasión con la que vivían los aficionados los partidos.
Kresimir Cosic.
No podemos olvidar, antes de
echar el cierre, que aquella temporada en los banquillos se sentaron
entrenadores de la personalidad de Ioannis
Ioannidis (Aris), Kresimir Cosic (AEK) –que se fue antes de terminar la temporada y fue sustituido
por NikosNesiadis-, Steve Giatzoglou
(Olympiacós), Mihalis Kyritsis (PAO), JohnyNewman (PAOK)–sustituido
por Kostas Politis hacia el final de
la temporada- o Vlado Djurovic (Panionios). Es decir, un año de
auténticos sargentos. No me extraña que algunos acabasen hasta las narices de
los indisciplinados.
El verano siguiente, al margen
del affairePsomiadis –en paradero desconocido-, fue Giorgos Koskotás, el presidente del Olympiacós, el que se vio envuelto en un escándalo de gran
magnitud. En el mismo estaba involucrado el partido del Gobierno (PASOK) y algún banco. Koskotás se fugó en avión a Italia de
la noche a la mañana, pero fue cazado por las autoridades y metido entre rejas.
Koskotás en el hotel rejas y en portada.
Nota: nunca me cansaré de
recomendar la sección ΧρόνιακαιΖαμάνιαde la webSentragoal.gr.
El periodista Giorgos Kouvaris ha
recuperado algunas de estas historias e incluso ha logrado hablar con los
protagonistas (con Scurry no porque
estaba en la cárcel, aunque sí lo hizo con su hermano). Una fuente de
inspiración constante para los que adoren el baloncesto retro, con fotos y vídeos muy recomendables. Sobre Edgar Jones, escribió esto, sobre Landsbrger esto y sobre Scurry esto. En la misma página, StelaPapadopoulos nos recordó la historia de Mike Jones aquí, y en Gazzetta.grNikos Papadogiannisla de Dany Vranes.