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jueves, 12 de noviembre de 2015

La final de las cabezas rapadas.


La conocida “Final de las cabezas rapadas” tuvo lugar el 18 de abril de 1984 entre el PAOK y el Aris por el título de Copa. Sobre la misma se han hecho reportajes y vídeos que la mantienen viva. Recordemos cómo fue aquello.

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En la temporada 83-84 el Aris de Salónica aspiraba a conquistar el título de liga por segundo año consecutivo y a ganar su primera Copa de Grecia. El PAOK, por su parte, era la alternativa al poder en años de dominio amarillo (Aris) y verde (Panathinaikós).

Los de Giannis Ioannidis, siempre comandados por Nikos Galis, mantenían el bloque de la temporada anterior, con el fino Nikos Filipou en la posición de cuatro, el rocoso Vassilis Paramanidis debajo, el jovencito Michalis Romanidis de alero, Giorgos Doxakis como director de orquestra, Petros Stamatis de pívot, etcétera.

Para defender con garantías el título liguero y optar al resto de trofeos, el Aris había fichado a Dimitris Kokolakis, mítico pívot del Panathinaikós de 2,15 centímetros. Internacional en todas las categorías, había ganado 9 ligas y 3 copas con los verdes entre 1971 y 1983. Un refuerzo necesario para la pintura. Su veteranía -33 años- no fue ningún obstáculo y no tardó en ganarse un puesto en el quinteto titular.

El PAOK cambió de entrenador durante el verano. El histórico Theodoros Rodopoulos dejó su sitio a Harry Pappas, que sería sustituido a mitad de temporada por Faidonas Matthaiou, el Patriarca del baloncesto griego. Glosaré la figura de Matthaiou en futuros posts. Aunque llegó como interino y no siguió la temporada siguiente, dejó huella en el club y en los jugadores que entrenó.

La plantilla seguía siendo casi la misma que en la temporada 82-83, en la que el PAOK había conquistado la tercera plaza, con Vangelis Alexandrís en el puesto de base, el capitán Giannis Politis de alero, los hermanos Zacharías y Manthos Katsoulis, el imberbe y espigado Panagiotis Fasoulas, etcétera.


Si el Aris se había reforzado con un pívot, Kokolakis, el PAOK lo hizo con un alero, Nikos Stavropoulos. Magic Stavropoulos podía jugar tanto de uno como de dos o de tres. Era muy fuerte, medía 1,96, tenía buena mano y poseía una gran visión de juego. El PAOK se adelantó al resto de clubs que lo pretendían y pagó por él 10 millones de dracmas al Lárisa.

El camino hacia la final.

Tanto el Aris como el PAOK iniciaron su andadura en la tercera ronda de la Copa de la zona norte. Los amarillos se impusieron por 79-106 al Néstor de Salónica y los blanquinegros al PAS Filippos por 93-56.

En la cuarta ronda, ya con equipos del norte y del sur mezclados, el Aris ganó en la pista del Sporting de Atenas por 62-75 y el PAOK eliminó al AEK aplastándolo en Salónica por 81-55. En cuartos de final, el Aris sufrió para ganar al Lárisa fuera por 81-85, mientras que el PAOK lo tuvo mucho más fácil contra el Patras (113-72). En las semifinales, disputadas el 3 y el 4 de abril, los equipos de Salónica dieron un golpe sobre la mesa, derrotando al Panathinaikós y al Ionikós en pista contraria. El PAOK ganó a los verdes, defensores del título copero, por 67-74 en el Tafos tou Indoú, y el Aris ganó con apuros al Ionikós Nicea de Giannakis por 98-102 en el infernal pabellón de Platón.

La Copa de Grecia, un torneo joven cuya primera edición se disputó en la temporada 1975-1976, siempre había sido ganada por un equipo ateniense. El Olympiacós sumaba cuatro títulos, el Panathinaikós tres y el AEK uno.

En la final de 1982, el PAOK pagó la novatada. Los bicéfalos llegaron a tener al PAO contra las cuerdas, pero dejaron escapar la oportunidad de sumar su primera Copa. Los verdes supieron mantener la calma en los últimos minutos y tomaron el Alexandrio, la pista del PAOK, ante casi 5000 aficionados. El choque terminó 65-63 gracias a una canasta de Stergakos, que anotó 21 puntos.

El 3 de abril de 1984 el PAOK daba la campanada imponiéndose en Atenas a los verdes con un Nikos Stavropoulos inconmensurable. Las metía desde tan lejos que los defensores creían que estaba tirando desde fuera del campo. En aquel partido, también fue muy importante Alexandrís, el experto base tesalonicense, que recuerda como el equipo se lamentaba tras el sorteo. “Todos queríamos al rival más débil y cuando nos tocó el Panathinaikós tuvimos miedo. Matthaiou cogió el micrófono en el autobús y soltó: “¿o sea, vosotros queréis ganar la liga y la Copa jugando contra el rival más malo?” El Patriarca tenía razón. El PAOK jugó uno de sus mejores partidos en el Tafos y se tomó cumplida venganza de la derrota del año anterior en la final.

La liga ya había terminado para el PAOK aquel 18 de abril, no así para el Aris, que debía disputar un desempate en campo neutral contra el Panathinaikós para decidir el campeón. El PAOK había terminado en tercera posición, con un balance de 22 victorias y 4 derrotas, a dos triunfos del Aris y del PAO.

La intrahistoria.

Gran parte de la culpa de todo lo que pasó fue de Faidonas Matthaiou, que supo manejar divinamente la situación. El Patriarca tenía mucho de psicólogo y se las sabía todas.

Lo primero que hizo el maestro fue concentrar a la plantilla en un hotel del barrio de Panórama, en la zona norte y elevada de la ciudad.

En una de las charlas que Faidonas había tenido con el equipo, había comentado a los jugadores la costumbre que tenían algunos equipos universitarios americanos de cortarse el pelo antes de un gran partido. Todos pasaban por el tubo, titulares y suplentes. Hacer algo juntos y salir todos iguales era como un ritual. Fue Fasoulas el que tomó la iniciativa y picó al resto de compañeros para hacer lo mismo.

Las maneras que tenía Matthaiou de motivar a los suyos eran de lo más imaginativas. Juntos estuvieron viendo la película bélica “Operación Nicaragua”, que les convenció definitivamente. Aunque como ellos decían en broma: “así, si perdemos, no nos reconocerán por la ciudad”. El largometraje motivó a los jugadores. La final era como ir a la guerra.

El veterano coach dijo que “si perdéis, toda Grecia se reirá de vosotros. En cambio, si ganáis, todo el mundo os recordará y podéis servir de ejemplo para otros que vendrán. Pensadlo bien y actuad en consecuencia”.

Matthaiou le dio el número de sus peluqueros a Giannis Politis, que se puso en contacto con ellos. Fotis y Vasilis, que eran seguidores del Aris, no lo tenían claro y llamaron a Vangelis Alexandrís, al que conocían, que les confirmó que requerían de sus servicios. Los peluqueros se desplazaron al hotel y recibieron la orden directa de Matthaiou para que fueran todos cortados al cepillo.


Manthos Katsoulis, que iba muy a la moda con su media melena, tuvo sus reticencias. Controlaba con su mano que al peluquero no se le fuera la mano. Politis puso condiciones porque no quería que se lo dejasen de cualquier manera, mientras que Stavropoulos iba de una habitación a otra tratando de evitar el rasurado. Según Alexandrís, entonces estaba de moda llevar el pelo largo y no fue una tarea fácil para el pobre peluquero, que encima fue retenido para que no dijera nada a nadie. Es más, lo montaron en el autobús cuando iban de camino al pabellón. Un secuestro en toda regla.

Al acabar, Matthaiou dijo que todos se habían cortado el pelo por compromiso y por un juramento. Ganar era el objetivo y todos aceptaron el sacrificio. Si hubieran perdido, difícilmente podrían pasear por la ciudad sin que se burlasen de ellos.

Sorprendentemente, un periódico –Filathlos- criticó que todo el equipo apareciese rapado. Habló de que el entrenador seguía métodos paramilitares que rozaban el Fascismo (!!!). Matthaiou montó en cólera. “Yo no soy nadie para obligar a Katsoulis a cortarse el pelo, que por cierto es uno de sus encantos. Ni a Fasoulas, que fue quien tuvo la idea, no yo. Lo hacen muchos equipos universitarios para mostrar lo orgullosos que se sienten de pertenecer al grupo. Llevo todo el año intentando hacer que se sientan orgullosos de la camiseta que lucen”. 

El partido.

Antes del partido, el presidente del PAOK Giorgos Pantelakis bajó a los vestuarios. “Es imposible no ganar títulos con este equipo. Jugad por vosotros y dadlo todo. En lo que respecta a la prima, la caja está abierta para vosotros.” Al final, la prima fue de 1.700.000 dracmas.

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El choque comienza con un trepidante intercambio de canastas hasta que Stavropoulos calienta la muñeca. Por el Aris, son Kokolakis y Filipou los que llevan el peso anotador, con un Galis menos protagonista de lo esperado. El escolta del PAOK está inconmensurable y los bicéfalos se escapan en el marcador (12-21). Las torres Fasoulas y Manthos Katsoulis van sintiéndose más cómodos a medida que avanza el partido.

El PAOK defiende en zona desde el minuto uno. Aun así, tanto Kokolakis como Filipou consiguen robar algún rebote. El Aris no ataca mal la zona, pero comete errores en el lanzamiento y defiende mal.

El poder interior blanquinegro es superior. Cuando no anota Stavropoulos, Katsoulis y Fasoulas encuentran una buena posición en la pintura.

El Aris hace un amago de defender en zona, pero no funciona y vuelve a individual. Magic Stavropoulos culmina un primer tiempo fantástico con una canasta inverosímil sobre la bocina. Lleva 23 puntos. Apenas ha habido cambios en los dos equipos pese a que Manthos Katsoulis lleva tres personales. El PAOK ha dominado la primera parte de cabo a rabo. La superioridad de los de Matthaiou ha sido incontestable.

El Aris sale con otro aire en la segunda parte y Galis toma el mando de las operaciones. Filipou sigue siendo el más regular del equipo, logrando anotar canastas de mérito. Los amarillos tratan de correr y reducen las distancias (46-51), aprovechando que Stavropoulos ha desaparecido. Con todo, el PAOK no se amedrenta y responde con canastas interiores y algún tiro de Giannis Politis, el capitán, que realiza un gran partido.

Las protestas de Ioannidis y su banquillo son constantes, y le cae una técnica cuando el marcador refleja un interesante 46-53. Con 48-54, hay un conato de pelea por culpa de una falta clarísima no pitada sobre Galis, que ha sido zancadilleado. El PAOK sigue la jugada y Katsoulis anota. Al instante, saltan Ioannidis, al que se le cae el cigarro, y miembros del cuerpo técnico. Otra técnica y otro parón.

Los árbitros compensan la personal no pitada con la señalización de la quinta falta a Manthos Katsoulis, muy rigurosa, cuando todavía quedan 10 minutos por delante.


A falta de 8 minutos, Stavropoulos mete su primera –y a la postre, única- canasta en juego de la segunda parte.

El PAOK se dedica especular con el marcador. Alexandrís amasa la bola y alarga los ataques hasta la eternidad. El Aris llega a ponerse a 5 puntos (63-58) merced a Nikitas, pero los de Matthaiou manejan el tiempo y el tempo. Los amarillos reman contracorriente todo el partido y el reloj vuela. Ioannidis pone a dos bases para presionar, pero no consigue reducir. El PAOK agota alguna de las posesiones y elige sacar de banda cada vez que hay una personal. Sólo anota 25 puntos en la segunda parte, pero le son suficientes para llevarse la final. La segunda parte ha sido claramente del Aris, pero no ha podido dar la vuelta al marcador.


Se desata la euforia entre los aficionados bicéfalos, que celebran el primer título copero de la entidad. El Aris ha perdido el partido en la primera parte, cuando el PAOK tomó una ventaja considerable. Los blanquinegros entraron más metidos en la pelea y eso fue fundamental. Matthaiou, que había ganado con el Olympiacós la primera Copa de Grecia de la historia en 1976, repetía título.

Foto: www.paokbc.gr

El Aris fue a remolque y estuvo demasiado nervioso. A los amarillos les cayeron cuatro técnicas por protestar y no digirieron la derrota. Galis habló de que habían jugado cinco contra siete y Filipou que habían empezado muy mal, pero en la segunda parte los árbitros no les habían permitido remontar.

Ioannidis, no hace falta decirlo, se volvió loco. Cargó contra los colegiados, principalmente contra el tesalonicense Leonidas Pantazis. Ninguno de los árbitros quiso cobrar los 2000 dracmas que les tocaban, en protesta por las quejas recibidas antes del partido. Tanto el Aris como el PAOK habían declarado que preferían que los árbitros fueran de fuera de Salónica.


La ficha.

Martes 18 de mayo de 1984. Alexandrio Melathron, Salónica.

5.225 espectadores. Al descanso: 45-29.

PAOK: Stavropoulos (26), M. Katsoulis (12), Fasoulas (12), Politis (8), Mpakopoulos (8), Alexandrís (6), Z. Katsoulis (2), Aggelidis, Kosntantinidis, (Polychronakos). Entrenador: Faidon Mathiaou. 12/15 en tiros libres y 31/63 en tiros de dos.

ARIS: Filipou (22), Galis (20), Nikitas (13), Kokolakis (9), Tsajtanis (4), Romanidis (2), Doxakis, Paramanidis, (Stamatis, Georgiadis). Entrenador: Giannis Ioannidis. 12/20 en tiros libres y 29/60 en tiros de dos.

Sorprendentemente, al terminar el partido Giorgos Pantelakis bajó de nuevo al vestuario dispuesto a frenar la euforia. Todos esperaban poder celebrar la victoria por todo lo alto, pero el presidente, que era muy creyente, no quiso porque estaban en medio de la Semana Santa. “En Semana Santa nadie celebra. La semana que viene ya veremos”.

El significado.

Contrariamente a lo que se podía pensar, la victoria del PAOK en aquella final no le sirvió para seguir creciendo. No aprovechó el tirón. Siguió en segundo plano hasta tres o cuatro años después. Matthaiou no continuó en el club y la directiva fichó a Josip Gjergja.

Foto: www.paokbc.gr

En cambio, la derrota en la final unida a la que se produjo una semana después contra el Panathinaikós en la liga, supusieron un punto de inflexión para el club amarillo. El Aris recibió dos golpes durísimos. Lejos de hundirse, el equipo salió de aquello fortalecido. La enorme cura de humildad le vino muy bien al grupo. A veces es mejor dar dos pasos atrás para dar otro enorme hacia delante, como sucedió. En buena parte, aquellos bajonazos condujeron a la directiva a fichar a Panagiotis Giannakis, la pieza del puzzle que haría de aquel equipo una armada invencible.


La “Final de las cabezas rapadas” supuso el primer título para el PAOK desde aquella lejana liga de la temporada 1958-1959 y la primera Copa de las tres que posee la entidad. 

jueves, 3 de septiembre de 2015

Aquellos hombres altos.

Grecia en 1983 con Fasoulas, Kokolakis y Katsoulis.

Voy a hacer un breve repaso de los pívots que han pasado por la Selección. Me parece curioso y necesario hablar de aquellos centers maravillosos que a veces parecían seleccionados por el mero hecho de ser altos, porque entonces eran muy pocos los profesionales que pasaban de 2,10.

Ante la escasez de hombres altos, los pívots gozaban de muchísimos minutos en sus clubes, con lo que con los años mejoraban sus fundamentos extraordinariamente. Sólo una lesión inoportuna o las faltas personales condenaban a aquellos largiruchos al banquillo. Un cinco “dominante” podía pasarse perfectamente 10 años en la Selección. Nadie renunciaba porque jugar en el equipo nacional era un honor. No había muchos que pasasen de 2,10, pero eran los más fieles.

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Grecia ha ganado dos Eurobaskets en su historia, uno con la pareja de cincos Fasoulas/Kambouris y otro con Lázaros Papadopoulos/Bourousis. Dos parejas de lo más curiosas.

Para muchos, tanto Fasoulas como Kambouris eran dos pívots “limitados”, mientras que de Papadopoulos mejor ni hablamos. Uno de los mayores fiascos de la historia de la ACB. En Grecia, sin embargo, siempre han sido considerados buenos jugadores.

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Grecia debutó en partido oficial en el Eurobasket de Egipto de 1949. El pívot de la Selección era el mítico Faidonas Mathiaeu, el Patriarca del baloncesto heleno, que sólo medía 1,90.

Mathiaeu jugó con la Selección 44 partidos en los que anotó 539 puntos. Logró colgarse el bronce en el Eurobasket de Egipto y el bronce en los Juegos del Mediterráneo de 1955. Además, participó en el Eurobasket de París de 1951 y en los Juegos Olímpicos de Helsinki de 1952.

A nivel de clubes, como jugador Mathiaeu ganó 3 ligas, todas con el Panathinaikós. Su último torneo con el equipo nacional fue el Preolímpico de 1956. Se retiró en un amistoso contra Polonia en 1957.

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Un pequeño apunte antes de continuar: Grecia, tras participar en Helsinki, desaparece de los Juegos Olímpicos hasta 1996 (!!!). También se pierde bastantes Eurobaskets por no lograr superar las fases de clasificación (está ausente 10 años entre 1951 y 1961). Tanto los Juegos de los Balcanes, que ya no existen, como los Juegos del Mediterráneo, muy venidos a menos, fueron durante años los torneos que le sirvieron a Grecia para rodarse como equipo, salir fuera y competir.

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Giorgos Trontzos.

La década de los 60, como he explicado muchas veces, es la década del AEK de Atenas. Giorgos Trontzos, pívot de 2,17 y grandes fundamentos, tuvo mucho que ver en el éxito del club amarillo. El AEK y Grecia disfrutaban de un center que marcaría época en el país. Se formó en Estados Unidos y jugó partidos con la Selección de Europa, que no es moco de pavo. Sin duda, Trontzos fue el primer pívot puro que hubo en Grecia. Un interior que jugaba de interior. Además, no era torpe como otros hombres altos de la época.

Con Trontzos, Grecia finalizaba su particular travesía en el desierto y volvía a competir en el Campeonato de Europa. El pívot participó en los Eurobaskets de 1965, 1967, 1969 y 1973, y en los Juegos de los Balcanes un par de veces (en los de 1963 debutó). Su último partido con la Selección lo jugó el 22 de mayo de 1974. Su balance, 136 partidos y 1.543 puntos.

Para disputar la hegemonía del AEK, el Olympiacós fichó a varios americanos y los nacionalizó. El pívot griego-americano fue Giorgos Kastrinakis, de “sólo” 2,04, con quien Trontzos tuvo mil y una disputas a pesar de la diferencia de altura. Brillante en el uno contra uno, zurdo y fuerte, era más técnico que el del AEK. Kastrinakis tardó en debutar con la Selección por temas de papeleo y casi no coincidió en el equipo con Trontzos.

Su primer partido lo disputó contra Austria el 15 de abril de 1973 y su último el 29 de octubre de 1982. Jugó un total de 158 partidos en los que anotó 1.612 puntos. Ganó dos oros con la Selección (Juegos del Mediterráneo de 1979 y Juegos de los Balcanes en 1979) y 4 bronces en Juegos de los Balcanes (1975, 1976, 1977 y 1981). Jugó 4 Eurobaskets: 1973, 1975, 1979 y 1981.

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1979 es un año importante: Grecia gana el oro en los Juegos de los Balcanes y en los Juegos del Mediterráneo. Nunca habían coincidido en el tiempo tres pívots de tanta calidad: Giorgos Kastrinakis, Dimitris Kokolakis y Manthos Katsoulis. Su trabajo e implicación fueron fundamentales para conseguir los títulos. En aquellos tiempos, Grecia iba a los Juegos de los Balcanes y a los del Mediterráneo con el equipo fuerte, no con el “b”. Podían coincidir los torneos el mismo año, que no había problema. En 1979, por ejemplo, Grecia acabó su participación en los Juegos de los Balcanes el 18 de septiembre (4 partidos) y empezó su andadura en los Juegos del Mediterráneo el 23 de septiembre (5 partidos). Un par de meses antes de los Juegos de los Balcanes, la Selección había participado en el Campeonato de Europa de Turín (7 partidos). Tres campeonatos en un verano.

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Kastrinakis y Kokolakis en 1981.

Un poco más joven que Trontzos y Kastrinakis, el siguiente de la lista es Dimitris Kokolakis, el hombre alto que necesitaba el Panathinaikós para plantar cara a los otros equipos de Atenas. Internacional en todas las categorías, Kokolakis dominó la zona hasta la llegada de los largos del norte. Jugó en el Panathinaikós desde 1969 hasta 1983 y en el Aris desde 1983 hasta 1987.

Kokolakis era un 2,15 que conocía muy bien el juego y sabía de sus limitaciones. No era rápido, pero dentro de la zona era una garantía porque tenía un decente movimiento de pies. Nuestro gigante, inconfundible por su bigotito, ganó nada menos que 12 ligas y 5 Copas en los dos clubes que jugó.

Fue un fijo de la Selección entre diciembre de 1973 y 1986. Participó en 4 Campeonatos de Europa: 1975, 1979, 1981 y 1983, y ganó 6 medallas en los Juegos de los Balcanes (4 bronces, 1 plata y 1 oro), además del oro de los Juegos del Mediterráneo de 1979. Vistió la zamarra nacional en 178 ocasiones, siendo su último partido uno de preparación para el Mundobasket contra Polonia el 13 de febrero de 1986. Se quedó a las puertas de poder jugar el Mundial de España. La baja de Fasoulas a última hora debería haberle permitido entrar, sin embargo Politis no opinaba lo mismo.

El dominio sureño se vio roto en el país con la aparición de Nikos Galis. Sin embargo, nunca tuvo en su equipo un pívot nacional de garantías hasta la llegada de Kokolakis, ya veterano, en 1983. En cambio, en el PAOK sí que surgieron dos figuras de altura: Manthos Katsoulis y Panagiotis Fasoulas.

Katsoulis en los USA.

Katsoulis era un pívot de 2,12 que tuvo la oportunidad de formarse un tiempo en Estados Unidos. De buenos fundamentos y con un tiro decente de cuatro metros, estaba llamado a ser el jugador franquicia del PAOK hasta que irrumpió Fasoulas. Manthos era un gran pívot en una plantilla que no podía pelear contra los grandes. Su tremenda calidad le llevó a la Selección en 1976 (debutó contra Checoslovaquia el 6 de junio de 1976).

Fue el capitán de Grecia en los Eurobaskets de 1979, 1981 y 1983. Ganó el oro en los Juegos del Mediterráneo de 1979 y 4 bronces en Juegos de los Balcanes, además del oro de 1979. Se retiró en los Juegos de los Balcanes de 1984. A Katsoulis lo contemplan 165 partidos y 1.371 puntos.


¿Era Panagiotis Fasoulas un petardo? ¿Ha sido el mejor pívot de la historia del baloncesto griego? ¿En qué quedamos?

Las sensaciones que despierta Fasoulas son contradictorias. Sin embargo, si analizamos su rendimiento global, tanto en la Selección como en los clubes en los que jugó, llegaremos a la conclusión de que ha sido el mejor hombre alto que ha dado el país. Ni enormes figuras anteriores como Trontzos o Kokolakis, ni posteriores, más incostantes, como Rentziás o Schotsanitis han tenido mejor rendimiento ni más prolongado que el espigado de la melenilla.

A Fasoulas todos lo tenemos más o menos controlado, porque con él, Galis, Giannakis y compañía Grecia entró en nuestros televisores. Medía 2,13 aunque a veces parecía más alto porque era delgado como un fideo. Desgarbado, lento y a veces torpe, de repente sorprendía poniendo un tapón o colgándose del aro. Fue un poco niño prodigio y desde muy pronto recibió la llamada de la Selección, con la que jugó en todas las categorías. Eso no quiere decir que Fasoulas no se lo tuviese que currar. En el PAOK era donde más le exigían y donde más palos recibió.

Panagiotis Fasoulas debutó con la Selección absoluta en un partido contra Hungría en 1981 cuando todavía era un pipiolo. Ese mismo año, en verano, jugó los Juegos de los Balcanes con el equipo junior. En diciembre hizo lo propio con la Selección absoluta. Doblar competiciones lo haría también años después Efthimis Rentziás ante la escasez y falta de calidad de los pívots.

A nivel de clubes, Fasoulas ganó 5 ligas, 3 Copas, 1 Recopa, 1 Copa de Europa (1 triplete) con el PAOK y el Olympiacós. Con el equipo nacional, el pívot jugó un total de 244 partidos en los que anotó 2.384 puntos (9,77 puntos por partido). Ganó el oro en el Eurobasket de 1987 y la plata en el Eurobasket de 1989. Además, en los Juegos de los Balcanes se colgó un oro (1984), 2 bronces y una plata. Se perdió el Mundobasket de España de 1986 por encontrarse en North Carolina State, pero participó en los Mundobaskets de 1990 y 1994, y en los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996. Dejó la Selección en el Mundobasket de Atenas de 1998 tras 17 años luciendo la blanquiazul. En cualquier otro país del mundo, Fasoulas sería idolatrado y aplaudido cada vez que entrase en un pabellón. En Grecia, sin embargo, eso es imposible.

Argyris Kambouris.

El caso de Argyris Kambouris es de lo más curioso. Su carrera profesional siempre irá unida al Olympiacós, donde jugó 16 temporadas entre 1978 y 1995 (la 1980-1981 la jugó cedido en el Glyfada).

Kambouris debutó en un amistoso contra Israel en 1985. La baja de Fasoulas en el Mundobasket de 1986 le abrió las puertas de la Selección y no desaprovechó la oportunidad. Argyris era un pívot torpón de 2,07 muy trabajador. En ataque aportaba más bien poco, al margen de su incansable capacidad de lucha. Era en defensa donde Kambouris se crecía, cerrando el rebote y colocando tapones. Verlo pelear contra los pívots soviéticos en el 87, pura poesía.

Argyrs Kambouris fue el “Héroe por accidente” de aquella final del Eurobasket de 1987, cuando le robó el rebote a Goborov y anotó los tiros libres, pero sería injusto recordarle sólo por eso.

Con su club ganó 3 ligas, 1 Copa y perdió 2 finales de la Copa de Europa. Con la Selección, se colgó el oro en el Eurobasket de 87 y la plata en el Eurobasket de 89. Además, participó en el  Mundobasket de 1990. Disputó un total de 126 partidos en los que anotó de media 4,15 puntos. El último partido de Kambouris fue uno de preparación para el Mundobasket de 1994 contra Rumanía en noviembre de 1993. La explosión de Rentziás y la sorprendente inclusión de Christos Tzekos en la plantilla dejaron fuera de Toronto al veterano jugador.

Stergakos en Zagreb 1989.

Por problemas de papeles, David “Nelson” Stergakos debutó tarde con la Selección. Stergakos, pívot zurdo de 2,07 de inmensa calidad, fue otro de tantos americanos helinizados por la gracia de Vasilakopoulos. En Europa le pararon los pies y frenaron tanta nacionalización sospechosa.

El pívot marcó una época en el Panathinaikós, club con el que ganó 4 ligas y 4 Copas. Había llegado a Grecia en 1978 y debutado con la Selección en 1981 en un amistoso. Sin embargo, no fue hasta 1989 cuando pudo disputar su primer partido oficial. Ganó la plata en el Eurobasket de Zagreb de 1989 y jugó el Mundobasket de 1990. Stergakos acabó jugando sólo 65 partidos con Grecia.


Efthimis Rentziás estaba llamado a ser el pívot griego y europeo de la década. Debutó con la Selección absoluta en 1992, cuando tenía 16 años. Sobre Rentziás prepararé un post porque es un caso único. Sus veranos doblando competiciones acabarían pasándole factura.

Rentziás era fuerte, tenía clase y dominaba en la pintura con sus 2,12. El pívot más completo que ha visto Grecia, sin duda. Un jugador moderno, preparado y listo. El polo opuesto a los pívots anteriores.

Jugó el Mundobasket de Toronto de 1994 con 18 años, un verano antes de ganar el oro en el Mundobasket Junior de Atenas (1995), donde literalmente se salió. También disputó el Mundobasket de Atenas de 1998 y los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996. 4 Eurobaskets (1995, 1997, 2001 y 2003) completan su currículum. Abandonó la Selección en 2003 lastrado por las lesiones. En total disputó 127 partidos con la zamarra nacional. Jugó en España, en Italia, en Turquía e incluso en Estados Unidos, pero la verdad es que desde que se marchó del Barcelona en 2002 su carrera fue hacia abajo. Ni siquiera en Barcelona el bueno de Efthimis dio todo lo que se esperaba de él.


Otro pívot que estaba llamado a hacer cosas grandes fue Lázaros Papadopoulos, center de 2,13 que empezó a despuntar en el Iraklís de Salónica. Aunque no dominaba tanto el juego como Rentziás, compartió el hecho de jugar desde muy joven tanto en su club como en las categorías inferiores de la Selección.

Lázaros se quedó a medio camino. Iba para estrella pero acabó en “pívot resultón”. Empezó a ganar peso y perdió agilidad. Sus movimientos rápidos y eficaces se volvieron cada vez más lentos y previsibles. Su carrera fue hacia arriba al principio y ganó un triplete con el PAO y una Copa Uleb con el Dynamo de Moscú. Sin embargo, desde que fichó por el Real Madrid, todo fue hacia abajo, principalmente porque el físico no daba más de sí.

Papadopoulos jugó 8 años en la Selección, entre 1999 y 2007. Ganó el Eurobasket de 2005 y participó en el de 2007. Además, se colgó la plata en el Mundobasket de 2006. Podríamos decir que Lázaros iba camino de ser uno de los cincos más imprtantes de siempre con Grecia, pero no pudo por distintas circunstancias. Acabó recordándonos más a pívots torpones de otras épocas que a jugadores modernos.


Incluyo a Kostas Tsartsaris entre los pívots nacionales que han dejado huella, aunque no era un cinco puro. Kostas se convirtió en el hombre para todo. Jugó en la Selección 9 años, desde 2000 hasta 2009, y se colgó el oro del Eurobasket de 2005 y la plata del Mundobasket de 2006. El de Veria era un pívot griego atípico, porque con sus 2,09 podía tanto anotar de tres como machacar en la zona. Nuca brilló pero siempre estuvo ahí. Una garantía en el equipo que solía tapar agujeros cuando los hombres altos se cargaban de faltas personales. Era fuerte y noble, aunque repartía lo suyo. Quizás uno de los hombres más infravalorados junto con Chatzivrettas, pero fundamental para Obradovic en el PAO y para Giannakis en la Selección.


Quizás no debería incluir a Sofoklis Schortsanitis en la lista, básicamente porque sólo jugó 4 años con la Selección, de 2006 a 2010. Debutó en partido oficial con Grecia en el Mundobasket de 2006 y disputó su último partido en el Mundobasket de 2010 contra España. Se colgó la plata de Pekín y el bronce del Eurobasket de 2009. Además, formó parte de la Selección en el Eurobasket de 2007 y en los Juegos Olímpicos de 2008. Anteriormente, con el equipo junior, habíá ganado dos bronces, uno en el Eurobasket de 2002 y otro en el Mundobasket de 2003.

Lo incluyo, sin embargo, por no haber habido otro como él. Con sus 2,06 centímetros desintegró a los americanos en Japón e hizo cosas que jamás se habían visto. Todo fuerza y bravura, no exentos de calidad.

Una pena ver que año tras año Sofo renunciaba a la Selección desde 2010. Siempre fue a la suya y sólo cuando decidió cuidarse o cuando el entrenador de turno lo puso en vereda, espabiló. Los eternos problemas de sobrepeso y su indisciplina estuvieron a punto de tirar al traste un carrera que, siendo brillante, podría haber sido mucho mejor.

54 partidos en total y 439 puntos fueron el balance de Schortsanitis con la Selección.


El último hombre grande que considero que merece estar aquí es Giannis Bourousis. A pesar de sus salidas de pata de banco, siempre ha sido fiel a los colores del equipo nacional. Lleva 10 años acudiendo a las citas y ha sido el pívot titular los últimos campeonatos.

Sin ser un pívot dominante, a sus 2,13 hay que sumarle su capacidad técnica y su experiencia. Su presencia en la pista se nota y en Grecia, ante las bajas de Schortsanitis y otros, manda debajo. Ni Glyniadakis, ni Bougioukas, ni Kavvadás, ni Koufos han discutido nunca su titularidad.

Bourousis se siente cómodo en la Selección y juega bastante mejor que en los clubes que le pagan. De momento lleva 125 partidos y 1.167 puntos. Ganó el oro en el Eurobasket de 2005 y el bronce de 2009.

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Han sido muchos otros los centers de Grecia, pero no han tenido continuidad. A los citados anteriormente como Bougioukas o Glyanadakis quizás habría que sumar a Iakobos Tsakalidis (1998-2003), a Dikoudis, que no era un cinco puro, o algún otro. Sin embargo, creo que la muestra es suficientemente representativa.


Fasoulas y Trontzos.

Trontzos, Fasoulas, Kontos y Kokolakis.


jueves, 30 de octubre de 2014

La Segunda Dinastía Roja III (Olympiacós 1991-1997).



Temporada 1996-1997: triplete y fin de ciclo.

La plantilla del triplete con Gray.
 
Se inicia la era post Ioannidis.

En una rueda de prensa televisada –¡cómo le gustaban las cámaras!-, el Rubio explica las causas de su marcha. Básicamente, la relación con el presidente era nula desde la pelea en Madrid. Además, insinuó que Kókkalis hacía tiempo que tenía un acuerdo con Dusan Ivkovic. Algunos aficionados se agolparon cerca del lugar y le pidieron a gritos que no se fuera. 4 ligas, 1 Copa y dos finales de la Euroliga fueron el balance del entrenador en las 5 temporadas que estuvo en el club. Lo más importante, sin embargo, fue que construyó un equipo campeón de larga duración y acabó con la hegemonía del Aris y del PAOK. Incluso se generó un debate en la televisión sobre si debía marcharse o no.
  
No tardó en encontrar equipo. El AEK del nuevo magnate del baloncesto griego, Ioannis FIlipou, no lo dudó ni un segundo y se hizo con sus servicios.
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David Rivers y Dusan Ivkovic.


El Olympiacós era el cuarto equipo que dirigiría Ivkovic en Grecia. Tras entrenar al Aris a principios de los 80, llegaron los éxitos con el PAOK de la Dinastía Bicéfala. Después de la marcha de Salónica, fue el Panionios el que confió en el serbio. Hizo dos buenísimas temporadas en Nea Smirni que le sirvieron para firmar por el coloso del Pireo.

En aquel primer verano de la Ley Bosman, Kókkalis firmó al pívot alemán Christian Welp, un 2,13 campeón de Europa con experiencia NBA, y al americano Willie Anderson, alero ex de San Antonio, Toronto y los Knicks. 

Anderson y Rivers.

Duda trató de convencer a Alexander Djordjevic, pero éste acabó quedándose en Bologna. A David Rivers, a la postre jugador fundamental aquella temporada, estuvieron buscándole sustituto todo el verano. Sonó de nuevo Zarko Paspalj, con ficha de griego porque llevaba 5 años en el país. Había hecho un gran año en el Panionios con Ivkovic y Dinkins, pero al final prefirió el Racing de París.

Boza le birló Byron Dinkins al Olympiacós, que era una de las prioridades de Ivkovic. A los Giannakopoulos del PAO no les gustó nada la manera de terminar la temporada y se cepillaron a casi todo el equipo. Sólo quedaron Ekonomou, Alvertis y Korfas, además de Maljkovic (Giannakis se retiró en los JJOO de Atlanta).

Willie Anderson llegó en septiembre porque el Olympiacós tardó en elegir, para variar. En la Euroliga acabó con 11’8 puntos y 4 rebotes de media antes de la fuga, o del intento de fuga que le llevó a la expulsión. 

El Olympiacós fue invitado al Torneo de Navidad del Real Madrid, al que Ivkovic daba mucha importancia -¡Menudos torneos montaba el Madrid entonces!-. Poco antes del mismo, Anderson firmó un preacuerdo con los Miami Heat y cogió un avión al margen del equipo, con escala en Ámsterdam, con la intención de enlazar allí un vuelo hacia los Estados Unidos. El club amenazó al jugador con denunciarlo a la FIBA, peligrando así su traspaso. Acudió a Madrid casi obligado, con el consiguiente cabreo de Duda, que ya había tenido algún encontronazo con él por su comportamiento poco profesional. El serbio le comunicó a su representante que no hacía falta que volviera al equipo después de aquel suceso. En Atenas ambas partes acordaron la suspensión del contrato. El Olympiacós se quedaba con un solo extranjero poco antes de Navidad.
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En Europa las cosas no pudieron empezar peor: el Alba Berlín conquistó el SEF en El Pireo. Luego los problemas se multiplicaron fuera de Grecia.

El nivel del campeonato liguero bajó ligeramente, produciéndose un empate entre el Olympiacós y el AEK de Ioannidis a 21 victorias y 5 derrotas. Algunos tropiezos inesperados del resto de equipos fuertes hicieron que los rojiblancos acabasen líderes de la fase regular.

En Europa, el Olympiacós acabó la primera fase con 5 victorias y 5 derrotas, que cualquier otro año le hubieran costado la clasificación. ¡Sólo quedó por delante del Charleroi!. Pero la temporada 96/97 estrenaba nuevo formato y el equipo se salvó por los pelos. 

En la segunda fase, el nuevo grupo lo formaban el Alba, el Estudiantes, el CSKA, el Maccabi y el Stefanel de Milán. Los griegos arrastraban las dos derrotas frente al Alba y una contra el Estudiantes, empezando así con 1 victoria y 3 derrotas. Cada partido se convirtió en un todo o nada para los griegos.

Ganó al CSKA en El Pireo, pero perdió en Milán un partido que tenía ganado. Una nueva victoria contra el Maccabi en casa volvía a colocar al Olympiacós en la pomada, siempre y cuando ganase en Moscú, cosa que consiguió. Sentenció su clasificación en el SEF venciendo al Stefanel, aunque no tendría ventaja de campo en los cruces. Perdió en Tel Aviv una semana después en un choque sin importancia.
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Ebrick Gray.

Ebrick Gray llegó en sustitución de Willie Anderson, pero fue peor el remedio que la enfermedad. El americano dio positivo en un control antidoping en la Euroliga y apenas estuvo dos meses en el equipo. Rivers se quedaba solo.
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En Hala Pionir El Olympiacós jugó el mejor partido de la temporada. Quizás la mayor diferencia entre Ivkovic y Ioannidis fue esa: con el serbio en el banquillo se ganaban los partidos que había que ganar. No se fallaba el día D.

En un ambiente infernal, los griegos dominaron el primer partido de la mano de un Franko Nakic descomunal. El entrenador del Partizán trató de desconcentrarlo con un bloqueo (¡!), pero ni por esas. El croata acabó con 27 puntos y enormes porcentajes. El Olympiacós se impuso por 71-81. Rivers (14), Tarlac (11 y 9 rebotes) y Fasoulas (11) ayudaron a Nakic en ataque. Por el Partizán, que ya no era el equipazo que había sido, sólo Bricks (13), Beric (12), Tomasevic (11) y Lukofski (11) opusieron resistencia.

El Olympiacós se vio clasificado antes de tiempo y lo pagó. Los serbios llevaron la manija del partido y lo balcanizaron. Nakic fue incapaz de anotar. Drobnjak se erigió en la figura del partido (19 puntos y 14 rebotes), bien secundado por Beric (12 puntos). Los mejores rojillos fueron Fasoulas (14) y Rivers (11), pero el Partizán se llevó el partido (60-61). Los locales fallaban el día de la verdad, aunque quedaba otra oportunidad. Ganar el tercero en Belgrado haría, si se conseguía llegar lejos, más épica la aventura.

La bronca de Ivkovic y su labor psicológica con los jugadores antes del tercero provocó la reacción de los profesionales, que salieron a tope. Un parcial de 10-30 en los primeros 10 minutos dejaba helado el pabellón serbio. Los locales no se dieron por vencidos e intentaron reaccionar, pero el Olympiacós reguló con solvencia la diferencia y no se dejó sorprender. El choque terminó 69-74, con 18 puntos de Bricks, 16 de Beric, 10 de Drubnjak y 10 de Tomasevic (y 10 rebotes). Por los griegos, Rivers anota 21, Nakic 19, Fasoulas 14 y Tarlac 12 (y 7 rebotes), como más destacados. Sin duda, las dos victorias en Belgrado ayudaron a crecer al equipo de Ivkovic, pero para llegar a la Final Four esperaba el OAKA.
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A pesar de un mal inicio, el Olympiacós se puso a defender y el Panathinaikós se bloqueó. Los verdes se quedaron en 49 puntos, por 69 de los rojos. Los 12 puntos de Dinkins, 12 de Alvertis y 9 de Ferran Martínez (y 6 rebotes) no les sirvieron a los locales ante los 17 de Rivers y 16 de Tarlac (y 9 rebotes). 

En El Pireo el partido fue más igualado que en el OAKA, pero los de Ivkovic impusieron su ley y, esta vez sí, no perdonaron al rival. Se destapó Tomic con 17 puntos y 4/7 en triples. Sigalas y Rivers acompañaron con 12 cada uno. Ferran fue el mejor verde con 20 puntos y 7 rebotes. Ekonomou y Alvertis anotaron 14 cada uno. El 65-57 final conducía al Olympiacós a una nueva Final Four.

A los pocos días se confirmaba el positivo de Gray, que irremediablemente era expulsado del equipo.
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En la Copa, el Apolón Patras hizo saltar la banca, metiéndose en la final al eliminar al Panathinaikós (92-79). En la otra semi, Ivkovic se impuso a Ioannidis (63-61) y empezó a tomar forma el triplete. El Apolón vendió carísima su derrota en la final, pero el Olympiacós, esta vez sí, no desaprovechó la oportunidad, ganando por un ajustadísimo 80-78. Los marineros ganaban la segunda Copa de la Dinastía.
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Poco antes de la Final Four, el Olympiacós y el Patras se volvieron a encontrar, esta vez en la liga. Los del Pireo se habían impuesto en el primer choque, pero cayeron derrotados en el segundo (78-77). A la vuelta de Roma, ya con el título continental bajo el brazo, los de Ivkovic se impondrían por 76-66. En semifinales se desharían del Peristeri cómodamente (2-0), para encontrarse nuevamente con el AEK de Ioannidis en la final.
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Final Four de Roma.


No recuerdo muy bien la Final Four de Roma, pero para los culés volvió a ser decepcionante. Y frustrante, diría. Una sensación totalmente distinta a la del año anterior, la del robo.

Barça y Olympiacós partían como favoritos y cumplieron los pronósticos en las semifinales. El Villeurbanne francés y el Olimpija esloveno fueron las víctimas propiciatorias de las dos potentes escuadras. Viendo los equipos, ¿Final Four descafeinada?

Semifinal: Olympiacós-Olimpija Ljubljana: 74-65. 22 abril 1997.

El Olympiacós hizo valer su condición de favorito, aunque los eslovenos opusieron fuerte resistencia. Al descanso se llegó con 37-32 en el marcador. El Olimpija apretó en la segunda parte, pero entonces aparecieron Rivers y Nakic, que dejaron la diferencia siempre cerca de los 10 puntos. Los eslovenos siguieron remando, pero el baloncesto control practicado por los de Ivkovic no permitió que se acercasen. Quizás si en algún momento los verdes hubieran logrado ponerse por delante, la cosa hubiera cambiado, pero esta vez los colchoneros mostraron carácter. Por el Olympiacós, los anotadores fueron: Rivers 28, Tarlac 10, Nakic 10, Tomic 8, Sigalas 7, Fasoulas 6, Papanikolaou 5, Welp, Bakatsiás. Por el Olimpija: Stepania 12, Daneu 11, Hauptman 10, Tusek 7, McDonald 7, Henrie 7, Milic 5, Horbat 4, Nesterovic 3, Kraljevic.

El Barcelona derrotó por 7 puntos al ASVEL de Delaney Rudd, Jim Bilba y el joven Alain Digbeu. 

Final: Olympiacós-Barcelona: 73-58. 24 abril 1997.


Por momentos, el partido resultó soporífero. Muchos errores, nervios y ritmo lento. Sólo la igualdad en el marcador, que no es poco, mantenía a los espectadores despiertos. Al descanso se llegó con 31-29 y las espaldas en todo lo alto.

El Olympiacós salió más convencido en la segunda parte, de la mano de un Rivers supersónico. El Barça al ralentí y el americano en fast forward. Ni Jofresa, ni Djordjevic, ni Esteller, ni la zona ordenada por Aíto… En cuanto el Olympiacós cogió 10 puntos de ventaja y supo manejar los tiempos, el partido se acabó. Los culés se estrellaban otra vez. Tarlac hizo faena debajo de los aros y Papanikolaou se encargó de apuntillar. Milan Tomic manejó a su antojo en los minutos finales, sobando, anotando y asistiendo, aunque el martillo pilón fue David Rivers, un auténtico demonio. Los últimos minutos fueron un “quiero y no puedo” del Barça ante un Olympiacós que controló perfectamente la situación. Ivkovic le ganó la partida a Aíto e hizo campeón de Europa al equipo de la Segunda Dinastía Roja. En Roma los griegos tocaron el techo.


Anotadores de la final. Por el Olympiacós: Rivers 26, Tarlac 11, Nakic, Tomic 9, Sigalas 7, Fasoulas 6, Papanikolaou 11, Welp 2, Bakatsiás 1, Galakterós. Por el Barça: Jiménez 16, Karnisovas 14, Jofresa 9, Rivas 6, Djordjevic 6, Esteller 3, Dueñas 2, Andreu 2, Fernández, Bosch.


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Tras deshacerse del Patras y del Peristeri, el Olympiacós se las vería en la final de la liga con el AEK de Atenas de Ioannidis.

En el primer partido de la serie, los locales pusieron el 1-0 a su favor (68-62), aunque el AEK empató días después (78-77 tras una prórroga a la que se llegó por un fallo de Rivers en el tiro libre). Los campeones de Europa se adelantaron de nuevo (53-49) en un tercer choque ajustado. Al AEK le pudo la presión en el cuarto, y los de Ivkovic vencieron con menos oposición de la prevista (53-68), logrando un triplete histórico.

(Nota: elegí 1997 como último de la Dinastía porque es el año del triplete y después no se consiguieron más títulos. Sin embargo, considero oportuno añadir apuntes de las dos temporadas siguientes.)

Temporada 1997-1998: de más a menos.

Arturas Karnisovas y Sokratis Kókkalis.

En la temporada 96-97 el Olympiacós había tocado el cielo. Ganarlo todo supuso el principio del fin. ¿Empacho, exceso de relajación o pura y simple mala suerte?

Giorgos Sigalas, uno de los buques insignia del equipo, se marchó al Stefanel de Milán. El tira y afloja con la directiva duró gran parte de la temporada anterior, pero al final no hubo acuerdo de renovación. Con él se marchaba el mejor jugador griego del lustro. Tampoco su relación con Ivkovic era la mejor. David Rivers acabó en la Fortitudo de Bologna y en su lugar llegó Elmer Benet, aunque una inoportuna lesión frustró el fichaje. Entonces se optó por Michael Hawkins. Galakterós cambió el Pireo por Salónica y se fue al Aris, mientras que el alemán Welp firmó por el Alba Berlín.

Plantilla de la temporada 97-98 con el título de liga de la campaña anterior.

A pesar de las notables bajas y de que Hawinks acabó en un bluff, los rojiblancos se hicieron con los servicios de dos grandes jugadores: el veterano Johny Rogers y el alero lituano Arturas Karnisovas, proveniente del Barcelona. El escolta Dusan Vukcevic llegó tras haber hecho una buena temporada en el Patras. Con 22 años era una de las mejores promesas del baloncesto serbio. Firmó por 4 años, pero nunca explotó como se esperaba. Al final, Kókkalis logró retener a Papanikolaou, que tenía una oferta jugosa de la Kinder de Bologna. Durante los primeros meses el pobre Dimitris quedó apartado del grupo.

Johny Rogers

Dentro de la zona, el Olympiacós confiaba en la eclosión de la pareja Savrasenko y Zourpenko, además de Tarlac y Fasoulas, que ya tenía 34 tacos. Visto con la perspectiva que dan los años, la plantilla cojeaba por los pívots.

El equipo del Pireo empezó muy fuerte la temporada, con un Karnisovas estelar y un Tarlac dominante. 16 victorias seguidas (8 en liga, 2 en Copa y 6 en Europa) como carta de presentación del nuevo Olympiacós no estaba nada mal. Pasó por encima del AEK en el OAKA, del Madrid en su casa y del Maccabi en Tel Aviv. Los problemas llegaron en forma de lesiones. La primera, la de Fasoulas. Fue el CSKA quien le infringió a los rojos su primera derrota.
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En la liga, acabó segundo por el basket average particular, ya que había terminado empatado a número de victorias con el Panathinaikós (21-5 cada uno). El PAOK acabó tercero a una victoria.

Los rojiblancos se imponían claramente al Patras (2-0), mientras el PAO sufría más apuros de los previstos para doblegar al Iraklio, que logró ganar el segundo choque.


Con el derby en el horizonte, el Olympiacós se olvidó de que para llegar a la final primero había que ganar la semifinal. El PAOK de Salónica puso en aprietos a los favoritos desde el principio. En el SEF, el primer encuentro acabó 66-65, y en el segundo los de Sherf dejaron a los de Ivkovic en 50 puntos (56-50). En el tercer y definitivo envite, el PAOKdestrozó los pronósticos gracias al triple de Stojakovic sobre la bocina (55-58). El Olympiacós quedaba fuera de la final después de 6 años.
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En la Copa, los de Ivkovic se clasificaron para la Final Four de Salónica, pero perdieron claramente contra el AEK por 63-49. Ioannidis ganó esta vez la partida de ajedrez al serbio en el Alexandrio.
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Final del Open McDonalds entre el Olympiacós y los Chicago Bulls.

En Europa, las cosas fueron bien hasta el cruce, pero pasó todo lo contrario que el año del triplete. Tras una primera y segunda fase brillantes, en las que acabó líder de grupo, cayó ante un equipo peor y quedó lejos de la Final Four. El Partizán de Belgrado dio la sorpresa en El Pireo (74-78) el día D. Sin duda, las bajas por lesión de Karnisovas y Tarlac influyeron en el rendimiento del equipo, aunque la afición confiaba todavía en dar la vuelta a la eliminatoria. 

En Belgrado, al revés de lo que había pasado la temporada anterior, los locales no dejaron escapar la oportunidad y vencieron por 72-60. Estaba claro que el equipo estaba tocado y no era el de la temporada anterior. Quedaba darlo todo en el último tramo de la liga para salvar el año.

El triple de Stojakovic no hizo otra cosa que hurgar un poquito más en la herida. Desde luego, repetir los éxitos de la temporada anterior hubiera sido un milagro, aunque por calidad y presupuesto debería haber llegado más lejos, tanto en la liga como en la Euroliga.

Temporada 1998-1999: altos y bajos. El adiós de Ivkovic.

Plantilla de la temporada 1998-1999 con Goldwire, Oberto, Komazec y Ade-Mensah.

Kókkalis mantuvo en la dirección a Dusan Ivkovic a pesar del relativo fracaso. Del bloque de la Segunda Dinastía quedaban pocas “vacas sagradas”: Fasoulas, un año más “viejo”, Tarlac y Tomic, además de Papanikolaou (llegó en 1996) y Savrasenko, que nunca tuvo mucho protagonismo.


A los pireotas se les acabó la paciencia con Zourpenko, que firmó por el Papagou. Vivió todos los éxitos de la Dinastía desde cerca, pero fuera del campo, bien en el banquillo, bien en la grada. Nakic se marchó al Alba Berlín, Karnisovas a la Fortitudo de Bologna y Hawkins a la CBA. Muchos cambios. Anthony Goldwire, Fabricio Oberto y Arijan Komazec fueron los refuerzos más destacados de aquel verano. Para Oberto, MVP de la liga argentina con Atenas de Córdoba, sería la experiencia fuera de su país. Había sorprendido a los rojillos el año anterior en el Open McDonalds. Komazec llegaba de hacer un buen año en Varese y conocía la liga, aunque no estaba muy claro el rol que iba a tener en la plantilla. Byron Dinkins, jugador del que Ivkovic seguía “enamorado”, parecía fichado. En realidad, fue jugador rojo del 16 de julio al 31, en el que se anuló el acuerdo. Fue entonces cuando el Olympiacós logró hacerse con los servicios de Goldwire, un base rápido con minutos en la NBA de 27 años. Arsene Ade-Mensah fue otro de los fichajes de aquel verano. Un francés muy atlético para jugar en la posición de 2 o de 3.
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El PAOK noqueó al Olympiacós en El Pireo de buenas a primeras. 52-61 y adiós Copa. Si en la temporada anterior las cosas habían acabado mal, la 98/99 no podía empezar peor.
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El Olympiacós perdió en el debut liguero contra el AEK de Arlauckas por 67-72. Pero a pesar de empezar muy mal en Grecia, en Europa todo lo contrario: ganó en Bologna a la Kinder, poseedora del título. Luego se produjeron dos derrotas inesperadas contra el Ülker y el Marousi respectivamente.

Después de este octubre negro, llegaron tres meses de buen baloncesto, con Tarlac y Komazec dominantes. Se enlazaron victorias importantes en Europa (contra el CSKA, Kinder…) y en el territorio nacional (Aris, PAOK, Panionios, Iraklís, PAO…). Arijan se lesionó cuando mejor estaba. No fue de gravedad –apenas de baja 40 días-, pero no logró recuperar su nivel de juego.

En la segunda vuelta del campeonato, el Olympiacós perdió en la pista del Peristeri y del Aris. Para los rojiblancos, era fundamental salvar la ventaja de 10 puntos conseguida en la ida contra el PAO. Los verdes lograron ganar, pero lo hicieron por menos de 10 (54-58), y el Olympiacós acabó primero de la liga regular.
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En la primera fase de la Euroliga, el Olympiacós quedó primero de grupo con 8 victorias. En la segunda fase, terminó de nuevo primero pese a perder contra el PAOK dos veces.

En el cruce de octavos, el Olympiacós se deshizo del Pallacanestro Varese (2-0). 78-66 en El Pireo y 77-83 en Varese tras dos prórrogas (57-57 y 67-67). 

En cuartos, eliminó al ASVEL por 70-57 y 77-81. En ambas eliminatorias los de Ivkovic se impusieron sin avasallar, pero sin pasar tampoco demasiados apuros. El Olympiacós acudió a Múnich sin haber perdido fuera de Grecia en todo el torneo (sólo había perdido en Salónica contra el PAOK).

Sin duda, el tapado de la Final Four de Múnich era el Zalgiris. El Olympiacós partía como claro favorito, aunque todas las miradas estaban puestas en la segunda semifinal bolognesa. 

Final Four de Múnich. 20-04-1999. Zalgiris Kaunas-Olympiacós: 87-71.


A Kókkalis le sentó fatal la manera de perder contra el Zalgiris. Se bajaron los brazos, algo que indignó a parte de la afición. Pero quedaba la final de la liga contra el eterno rival, que podía salvar la temporada.

En cuanto los lituanos se fueron de más de 10 puntos, el Olympiacós dejó de luchar. Ivkovic no encontraba soluciones y la diferencia aumentaba. Fue frustrante. Edney, a la postre MVP de la Final Four, imprimió el ritmo rápido que menos le convenía a los griegos. Ni Tomic no Goldwire pudieron con él.


Sólo Tarlac (15+9 rebotes) y Ade-Mensah (12 puntos en 14 minutos) estuvieron a la altura, junto a Papanikolaou (12+5 rebotes). Anthony Bowie anotó 19 puntos en 23 minutos, bien secundado en ataque por Adomaitis (15) y Edney (13 y 6 asistencias).

El Olympiacós se impuso al Teamsystem Fortitudo Bologna en el partido por el tercer puesto (74-63).
Por la manera como había llegado el equipo a la Final Four, que parecía que se iba a comer el mundo, y por la manera triste de perder, se habló de fracaso sin tapujos.
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En liga se deshizo del Marousi (2-1) en la primera ronda del play off. Después de la Final Four, derrotó al Aris en la segunda, también por 2-1. La final contra el Panathinaikós estaba servida, con ventaja de campo pireota.

El PAO de Bodiroga, dirigido por Subotic, se clasificó para la final tras derrotar al PAOK con facilidad. En el primer partido de las finales, los verdes iban ganando a falta de 55 segundos (52-55). Sin embargo, el Olympiacós logró forzar la prórroga y se impuso por 71-68. 

En el OAKA el PAO se impuso con comodidad (72-56), colocando el 1-1 en la eliminatoria. En el tercero, Ivkovic ahogó a Subotic (64-47). Los verdes salvaron el primer match ball (66-56) y todo se decidiría en el último partido.

El Olympiacós, por lo tanto, llegó al quinto sin haber ganado ningún partido fuera de casa en todos los play off.

Nada hacía pensar que el quinto y definitivo iba a ser distinto a los anteriores. Los pireotas dominaron desde el inicio (13-2, 29-18) con diferencias cómodas. Un 0-11 poco antes del descanso dejó el marcador en empate, con triple incluido de Radja desde el centro del campo.

El partido siguió igualado tras el parón, pero un parcial de 2-13 en los últimos minutos mató a los locales. El Olympiacós no supo reaccionar y los Berg, Gentile, Bodiroga y compañía hicieron el break, lo nunca visto (53-62). Aquella derrota en el SEF confirmaba el traspaso de poderes en Grecia. Era la segunda liga consecutiva del Panathinaikós de Subotic, que sin embargo no seguiría en el club.

La derrota era como llegar al final del camino para la Segunda Dinastía Roja, aquella que tocó el cielo en Roma, pero que desde entonces fue irremediablemente hacia abajo.


Ivkovic cargó con las culpas y habló de que no había excusas. Él mismo le estaba diciendo a Kókkalis que, si lo echaba, lo entendería. Y así fue. Kókkalis recuperaría a Ioannidis y el serbio ocuparía el banquillo del AEK. Pero aquella segunda etapa del Rubio fue muy breve y no tuvo nada que ver con la primera.