miércoles, 9 de abril de 2014

Hablemos de la final de la Liga Europea de 1994: Joventut-Olympiacós.


Con motivo del próximo vigésimo aniversario de la Liga Europea verdinegra de Tel Aviv, veamos un poco cómo fue aquella final desde la perspectiva griega.

La expedición del Olympiacós llegó a Israel cinco o seis días antes. Fue deseo de Ioannidis que el grupo visitase los Santos Lugares para recibir la bendición del Patriarca ortodoxo. Quedará para la historia la anécdota del Patriarca Diódoros cuando en el sermón habló de derrotar a los “bárbaros” sin saber que en la semifinal el Olympiacós se iba a enfrentar a sus compatriotas del Panathinaikós de Atenas. Es posible que Pavlos Giannakópoulos desconociera el hecho porque hizo una generosa aportación al lugar (30 millones de dracmas nada menos). Conociendo un poco al personaje, estoy convencido de que Ioannidis confiaba en la ayuda divina para ganar. Las cámaras enfocan al Patriarca unos segundos durante la final.

Tanto el Olympiacós como el Panathinaikós habían formado dos plantillas muy potentes con el fin de conseguir la Copa de Europa. Recordemos que nos encontramos en la primera época de los hermanos Thanassis y Pavlos Giannakópoulos en el Panathinaikós, y de Sokratis Kókkalis en el Olympiacós. Los potentados construyen equipos a golpe de talonario.


En los verdes se juntaron Nikos Galis, Frangiskos Alvertis, Nikos Oikonomou, Stojan Vrankovic y Alexander Volkov a las órdenes de Kostas Politis. Los rojillos, dirigidos por el malcarado Giannis Ioannidis, contaban con Panagiotis Fasoulas, Zarko Paspalj, Giorgos Sigalas, Roy Tarpley y los tres yugoslavos nacionalizados: Dragan Tarlac, Milan Tomic y Franko Nakic.

La primera semifinal la disputaban el Barcelona y el Joventut de Badalona en lo que suponía un duelo fratricida de clubes catalanes. Los primeros dirigidos por Aíto García Reneses y los segundos por Zeljko Obradovic. Un equipo que volvía a la Final Four tras dos años de ausencia contra una de las fuerzas emergentes. El Joventut había llegado a la final dos años antes, cayendo in extremis por culpa de aquel triple desequilibrado de Alexander Djordjevic.

A los griegos les daba más miedo el Barcelona. ¿Menospreciaron los helenos a los badaloneses?


La mayoría de aficionados viajó en barco a Tel Aviv, partiendo de El Pireo y del puerto de Rafinha. Los caprichosos horarios hicieron que algunos de los ferrys coincidieran en su hora de llegada a Israel, con lo que las primeras peleas entre rojos y verdes ya se produjeron en el mismo puerto de Tel Aviv. También hubo roces en la mismísima Jerusalén los días posteriores. En la rueda de prensa previa hubo algún que otro puyazo entre los dos entrenadores.

El Olympiacós perdió la final el día en que ganó la semifinal.

El Olympiacós se impuso en la semifinal al Panathinaikós por 77-72 (OLY: Paspalj 22, Tarpley 21, Sigalas 15, Fasoulas 13, Tomic 6, Bakatsiás, Stamatis, Nakic, Tarlac, Kambouris. PAO: Volkov 32, Vrankovic 11, Galis 8, Patavoukas 7, Myriounis 6, Georgikopoulos 3, Oikonomou 3, Alvertis).

Zarko Paspalj (22) y Roy Tarpley (21) fueron los protagonistas del partido. La defensa de Giorgos Sigalas sobre Nikos Galis, que acabó en 8 puntos, fue otra de las claves del choque. Volkov anotó 32 puntos pero recibió poca ayuda en ataque. La enorme rivalidad existente y la tensión vivida desgastaron enormemente al equipo marinero. Había que ganar al eterno rival si se pretendía volver vivo a casa. Por momentos parecía que vencer la semifinal fuera el objetivo, no conseguir la Copa.




En la otra semifinal el Joventut de Badalona se impuso al Barcelona por 79-65. Los culés llegaron al descanso con ventaja (31-36), pero la salida de Tomás Jofresa en el segundo tiempo cambió el signo del partido. Con un parcial de 17-2 la Penya se puso por delante 51-42 y el Barça no pudo reaccionar. Tomás acabó con 21 puntos y Villacampa 20, mientras que por los azulgranas Epi metió 23. El día después de la semi, la Penya se fue al zoo, como explica Villacampa en la web de la Euroleague.


En el partido por el tercer puesto el Panathinaikós ganó al Barça por 100-83 en lo que sería el último partido de Galis en una Final Four (anotó 30 puntos).

Analicemos la final. Propongo el ejercicio de ponernos en lugar de un aficionado del Olympiacós. Dífícil no acabar desquiciado y con ganas de matar a alguien.

El partido es malo de solemnidad, siguiendo un poco la tónica de la Final Four de la temporada anterior, aquella en la que el Limoges se proclamó campeón. El choque transcurre lento, trabado, zarrapastroso, feo. ¡Pero pobre de ti que te levantes del sofá! Se masca la tensión, el miedo y la angustia. Entre el humo de los cigarros que los griegos se fuman en la grada reconocemos a la figura del cura.


Ioannidis empareja a Sigalas con Villacampa. Rambo puede con el capitán durante el primer tiempo. Efthimis Bakatsiás sale de titular y es el que anota la primera canasta griega en el minuto 2:30. Hay poquísima fluidez desde el inicio por parte de los dos equipos y Fasoulas lo falla absolutamente todo. El Olympiacós empieza con 1/9 en el tiro.

Zeljko quería dos partidos a pocos puntos. Al Barça lo dejó en 65 puntos y desde los primeros minutos se ve que a los helenos les va a pasar lo mismo. Las pantallas de los hombres bajos como Rafa Jofresa sobre los defensores de los pívots verdinegros permite lanzamientos cómodos de los hombres altos. La Penya toma ventaja explotando las muñecas de Ferran y Thompson (9-4). Es decir, lo que en el fondo va a definir la final ya se da en los primeros minutos y Ioannidis no pone remedio.

Los pívots verdes incomodan muchísimo jugando por fuera. Fasoulas y Tarpley sufren y por momentos dudan: no saben si salir y dejar desierta la zona o si quedarse en el cambio de hombre.

A pesar de que el ataque catalán es más fluido, no se escapa y permite el empate (10-10) con la primera canasta de Tarpley en el minuto 10. Con Tomic y Tarlac, que se había perdido 42 partidos por lesión, el Olympiacós mejora. El americano conecta con el partido, pero Tarlac se carga rápidamente de personales (comete 3, 2 en ataque) y vuelve al banquillo.

 

La Penya tiene problemas en el poste bajo con Zarko Paspalj. Los griegos encuentran ahí una vía de agua por donde entrar. Físicamente Smith no puede con el alero.

Obradovic realiza su primer cambio en el minuto 12. Entra Tomás Jofresa por un desacertado Villacampa, que se ha visto superado por Sigalas. El base entra revolucionado y el Olympiacós lo aprovecha para abrir hueco (24-16). Paspalj sale liberado de los bloqueos y se vuelve peligrosísimo en los 3 metros. Casi es preferible hacer faltas y mandarlo al tiro libre.

Los árbitros pitan muchas faltas personales, pero muy repartidas. El montenegrino toma la responsabilidad. Pide la bola y el equipo lo busca. La salida de Juan Antonio Morales consigue frenar a Tarpley, que llevaba varios minutos a buen nivel. La rotación verdinegra se reduce a 7 hombres, aunque Morales jugará poquito. Aunque el Olympiacós tiene más banquillo, la rotación es casi tan corta como la del Joventut. Los griegos no consiguen cargar a los interiores rivales con faltas.

Por el Joventut anotan todos. Villacampa mete su primera canasta en juego a falta de 3 minutos para el descanso. Contrariamente, el Olympiacós depende demasiado de Paspalj y del intermitente Roy, empeñado en jugar por fuera en ataque.


El ritmo sigue siendo lento y el choque es roñoso, huraño, difícil. En medio del atasco, las canastas de Ferran Martínez son agua bendita. Al descanso, Ferran 14 - Fasoulas 0. Un triple de Mike Smith sobre la bocina empata el partido a 39.

La primera canasta de Panagiotis Fasoulas llega en el minuto 22. A esas alturas, Tarpley ya llega andando al ataque.

Al principio de la segunda parte la igualdad es máxima. La angustia crece a medida que avanzan los minutos. Continúa el concierto de pito y los ataques se alargan. Cuesta anotar una barbaridad y los errores se multiplican fruto de los nervios y de la precipitación. La buena noticia para la Penya es que Villacampa se ha destapado.

 

El Olympiacós debería correr, pero Obradovic no lo permite. La riqueza táctica defensiva evita las transiciones rápidas de los griegos. Ioannidis parece incapaz de cambiar el signo de los acontecimientos desde la pizarra y lo único que hace es quitarse y ponerse la chaqueta.

Zarko ya no es una de las opciones, es la única opción, pero su selección de tiro es pésima. El cansancio de los dos jugadores clave es evidente; sólo hay que verles la cara y seguir sus movimientos. Brazos caídos, resoplidos, cabeza gacha, sudor... La primera canasta de Tarpley en la segunda parte llega en el minuto 9.

Más que pérdidas de balón, lo que hay son muchos errores en el tiro, posesiones al límite y tiros libres espantosos. Tarlac regresa pero comete dos faltas seguidas y acaba expulsado.


Paspalj se mantiene en pista a pesar de que lleva 12 minutos sin anotar y está absolutamente ahogado. Ya está en 6/16 y subiendo. Con un triple de Sigalas el Olympiacós se pone 4 puntos por delante (56-52), ampliados a 5 con un tiro libre de Tomic, que será el último punto de su equipo.

A falta de 6:40 para el final y coincidiendo con el regreso de Rafa Jofresa al quinteto badalonés, se produce el black out griego, el apagón, el cortocircuito, el hundimiento.

Los últimos ataques y tiros de Olympiacós son absolutamente inexplicables.

1. Tomic falla el segundo de sus tiros libres.

2. En el siguiente ataque el Olympiacós pierde la posesión. Roba Mike Smith. A Sigalas se le ve hecho polvo, como a Tarpley y a Paspalj.

3. Falla Bakatsiás.

A pesar del cortocircuito, la Penya tampoco anota, con lo que la final sigue abierta. Los catalanes no ganarán por aplastamiento, más bien por asfixia.

4. Milan Tomic yerra el tiro.

5. Giorgos Sigalas falla un contraataque claro. Intenta asegurar tirando a tabla que acaba en pedrada. Zarko Paspalj coge el rebote y fuerza una falta personal. El montenegrino falla los dos tiros libres.

6. Tomic da un mal pase a Tarpley, que acaba en el suelo perdiendo la bola. Las caras de los jugadores son un poema y Ioannidis sigue más pendiente de las cámaras y de la chaqueta que de poner soluciones. Villacampa pide la bola y con decisión anota de tres (57-56 a 1:30). Ese triple, tal como están las cosas, vale 5 o 6 puntos. La Penya sabe que ha llegado su oportunidad y el Olympiacós huele a muerto. Los griegos ven venir la ola que los va a arrollar pero no les responden las piernas. Jordi pide la bola convencido de que la va a meter. Se ve desde el primer pase. En el momento en el que los brazos griegos están agarrotadísimos aparece la muñeca de Villacampa. Él no lo sabe, pero gracias a ese triple el Joventut ganará la final. El Olympiacós defiende condicionado por el triple anterior y se vuelve loco cuando el balón le llega al capi. Le cierran dos hombres y libera en busca del lado débil. 

7. Panagiotis Fasoulas acribilla el aro después de una especie de reverso. A estas alturas, la gente se empieza a preguntar si no lo estarán haciendo a propósito. Thompson anota el triple definitivo tras un ataque eterno. La Penya circula el balón por fuera sin que parezca que nadie quiera tomar la responsabilidad, captura dos rebotes ofensivos cruciales (uno de Ferran y otro de Mike Smith) y Cornelius anota un tiro lejano que sentencia el choque.

8. La Penya comete falta sobre Zarko Paspalj.


Empiezan las chapuzas en la mesa de anotación. Tras la falta a Paspalj han corrido unas décimas. Por suerte, el montenegrino falla por enésima vez en el 1+1. Sorprendentemente, ahora el reloj no se mueve. En el tiro libre la zona verdinegra parece las Ramblas.

9. Tomic no se ha percatado de que el reloj ha muerto, porque de lo contrario podría incluso haber penetrado. Se juega un lanzamiento de 10 metros.


10. El rebote le llega a Paspalj, que falla otra vez desde la esquina con gente del banquillo verdinegro dentro del campo. Todo culmina con un palmeo infructuoso de Tarpley, que no se sabe muy bien si era dentro o fuera de tiempo.

El partido estaba destinado a terminar con un tiro lejano de un pívot verde. Sin quitar méritos al Joventut, en la victoria catalana también hay mucho demérito del Olympiacós. Todavía hoy nadie se explica lo que pasó. Ferran volvió a ser el verdugo de un equipo griego en la Final Four, porque ya lo había sido contra el Aris de Ioannidis en Zaragoza.


He leído en algún sitio que el público rojiblanco la tomó con Oikonomou y Alvertis, a los que al parecer se les vio celebrando el triunfo catalán. Otra fuentes no confirman este hecho.


La tensión pudo con Babis Papadakis, que se desmayó camino de los vestuarios. Dantesco final. Volvió en sí gracias a la ayuda del médico del Panathinaikós, Christos Skordís.


Después del partido, Ioannidis fue sorprendido tomándose una botella de wiskhy junto a los vestuarios y fumándose una caja de cigarrillos. Cuando Sigalas quiso reunir a los compañeros para el grito de rigor, el entrenador un poco más y lo manda a freír espárrafos. “¿Acaso no ves que todo está perdido?”, le espetó.


Como siempre pasa en Grecia cuando ocurren estas catástrofes, se habló de apuestas, de haberse dejado perder a cambio de dinero, e incluso de que dentro del golpe estaban metidos Tarpley, Paspalj y Kókkalis, el presidente.

A Ioannidis le llovieron las críticas. Siempre asfixiando a sus jugadores, creando un clima pesado nada positivo que no hacía bien al grupo, como pasó con el Aris. Tarpley y Paspalj se arrastraban por la pista en la segunda mitad y no los cambió. Lo nunca visto. El equipo se convirtió en el Titanic. Se iba hunidiendo irremediablemente a los ojos de Europa y el mandamás se veía superado e impotente ante lo que se le venía encima.

Psicológicamente el equipo estaba preparado para afrontar el partido contra el PAO, pero no contra un rival en teoría menos potente como el Joventut. Llegó a los últimos minutos de la final completamente vacío. No respondían ni las piernas ni la cabeza.

La Penya no permitió que el Olympiacós se escapase de muchos puntos y luego jugó con su nerviosismo. Paspalj llegó con 15 puntos al descanso y Ferran con 14. A pesar de ir por delante durante muchos minutos, a los griegos no se les veía cómodos. Erráticos. Los verdes jugaban con cuatro por fuera y eso volvió loco al Olympiacós. Paspalj no metió en toda la segunda parte.


Tarpley huía del contacto como de la peste y Fasoulas veía el aro cuadrado. El bajón físico del americano fue muy comentado y luego se dijo que la noche anterior había salido de juerga por Tel Aviv.

Al parecer, Tarpley había tenido sus más y sus menos con Stamatis porque “Roy cobra mucho” había dicho al principio de temporada. Se produjo un conato de pelea en el hotel el día antes de la final y quizás por ello el americano acabó marchándose por ahí. Mientras, no lo olvidemos, el Joventut pasaba la mañana en el zoo.


El Olympiacós no corrió en casi ningún momento. No explotó una de sus virtudes.

Lo único que hacía Ioannidis era quitarse y ponerse la chaqueta. Por momentos parecía más pendiente de las cámaras que de otra cosa. Mucho mover los brazos y tal, pero tácticamente estuvo muy mal.

Algunos datos:

- En los últimos 6:40, el Olympiacós: 0/2, 0/1, 0/4 y 2 pérdidas. Parcial de 0-7. Del 57-52 al 57-59 final.

- Me pregunto qué pensarán los “estadísticos” si les digo que el Olympiacós tuvo 6 posesiones más y un error menos en la final. En total, los griegos tuvieron 8 opciones más de anotar que el Joventut.

- Tarpley + Fasoulas + Paspalj: 12/37, 32%. Ferran + Villacampa: 55% de los puntos verdinegros.

- Tiros libres de Paspalj: 3/10. Sumando los dos días: Zarko 5/15 en tiros libres y Roy Tarpley 11/28 en tiros (39%).

- Cornelius Thompson, el héroe, hizo un mal partido: 2/7 en tiro y 5 pérdidas. Salía de una lesión pero aguantó como un toro.

- Apenas hubo asistencias.

La ficha: Jueves 21 de abril de 1994. Yad Eliyahu, Tel Aviv.

JoventutOlympiacós: 59-57.

Joventut: Rafa Jofresa 4, Villacampa 16 (5/10, ½, 3/5, 4 rebs.), Smith 6, Ferran Martínez 17 (5/15, 1/3, 4/7, 10 rebs.), Thompson 9 (2/8, ½, 2/2, 4 rebs.), Tomás Jofresa 5, Morales 2.

Olympiacós: Tomic 10 (2/6, 1/3, ¾), Bakatsiás 2, Paspalj 15 (6/16, 3/10, 6 rebs.), Fasoulas 2, Tarpley 15 (5/16, 0/3, 2/2, 14 rebs., 5 pérdidas), Sigalas 14 (2/6, 2/2, 4/5, 3 rebs.), Stamatis, Tarlac 2.

El MVP se lo dieron a Zarko Paspalj, para mí injustamente. Debería haber sido Ferran Martínez, que a lo tonto acabó con 17 puntos y 10 rebotes, aunque con malos porcentajes. Por el conjunto de los dos partidos, también Jordi Villacampa estuvo mejor que Paspalj. Quizás el buen partido de Ferran le abría las puertas del Panathinaikós, equipo por el que ficharía al cabo de dos temporadas, también con Obradovic en el banquillo.

Una peña del PAOK hizo miembro honorífico a Corney Thompson.

Las explicaciones de Ioannidis en rueda de prensa fueron de lo más absurdas: “Estas cosas no pasan ni en el cine, pero cuando Dios es el director, no puedes cambiar el escenario”. Autocrítica cero, como siempre. El Rubio sigue diciendo todavía hoy que Thompson no tenía buena mano.

Zarko Paspalj, la estrella del equipo, llegó a decir: “Estaba seguro que fallaría con la presión que tenía encima”. ¿Cómo es posible?


Se dijo después que poco antes de la Final Four había cambiado su forma de tirar. Contra el Peristeri, unas semanas antes, llegó a anotar 23/23. El rumor forma ya parte, como tantos otros, de las habladurías que corríeron por entonces después del batacazo.



El Olympiacós se repuso de aquello y logró hacer el doblete. La sensación de haber perdido una oportunidad histórica sigue todavía hoy en la mente de los aficionados, que no se explican cómo se pudo perder aquello.


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